sábado, 8 de mayo de 2010

Two lovers (spoilers)

Última película de James Gray, director de las muy interesantes La noche es nuestra y La otra cara del crimen, y que nos llega ahora tras estrenarse hace dos años en el festival de Cannes. James Gray es un director con muchísima personalidad, que sabe lo que se hace. Lo demostró en sus dos anteriores películas que aún siendo obras que tenían altibajos, eran buenas películas que retrataban con acierto el mundo de la mafia, los bajos fondos y la familia. Ambas tenían detalles en la dirección muy estimables, que las desmarcan de otras películas del mismo género que se estrenan y que podrían parecerse al cine que realiza Gray, aunque ambas películas comenzaban mucho mejor de lo que acababan. Con Two lovers deja casi todos esos temas, excepto uno, porque la familia sigue presente en la película, y nos entrega una película romántica que mantiene el tono durante todos sus minutos, sin grandes altibajos.




Two lovers
es una película bastante triste cubierta de un tono falsamente agradable y que puede hacer que el público se confunda. En ningún momento es complaciente con sus personajes y mucho menos con el de Joaquin Phoenix pese a lo que se pueda sugerir en ese trágico final en el que su personaje, con el corazón roto, tiene que conformarse con la chica a la que tiene segura pero no con la que ama que se ha ido con otro, siendo la segunda vez que queda destrozado por amor. Two lovers es una película sencilla, con un tono visual algo grisaceo, que retrata con bastante acierto las relaciones entre un hombre y dos mujeres, quizá algo precipitadas, pero que está bien llevadas por el director. También se aprovecha de la excelente química que tiene Joaquin Phoenix tanto con Gwyneth Paltrow como con Vinessa Shaw. Gray nos ofrece una película hermosa pero bastante dolorosa, en la que muestra que no siempre ir por el camino sencillo indica hacer mal las cosas como suele pasar habitualmente con el cine americano que se realiza en la actualidad. Ese tono visual sumado a las imágenes hacen que tenga un halo especial, que sea una película lírica, que haya verdadera poesía en ella, de la que te atrapa, no es esa clase de poesía impuesta por algunos directores que siempre está fuera de lugar y que suele remarcar de manera innecesaria varias cosas.




Siendo James Gray uno de los directores más interesantes en la actualidad, espero que aproveche su buen momento y no pare de dirigir películas ofreciéndoles su sello personal, su personalidad, su buen hacer y su fuerza. Y es que aunque a veces se le ha ido un poco las manos, siempre ha tenido muy claro lo que ha querido hacer y lo ha hecho demostrando mucho talento. Two lovers es su película más equilibrada, más interesante y en la que más seguro se ha sentido, a falta de ver su debut. Y también esperemos que Joaquin Phoenix regrese pronto al mundillo, porque es uno de los mejores actores americanos y siempre resulta convincente o realiza interpretaciones de muchísimo nivel, que mejoran la películas en las que aparece. Aunque bueno, quizá no tenga que regresar porque nunca se ha ido y el documental que ha hecho que nos cuenta su delirante transformación tiene muy buena pinta


domingo, 2 de mayo de 2010

Iron Man 2

Iron Man 2 llega después de una primera parte curiosa, que sin ser ninguna maravilla sí que daba en el clavo a la hora de presentarnos en pantalla al personaje de Tony Stark. También acertaba a la hora de retratar la manera en la que se convirtió en el hombre de hierro. Todo ese tema estaba tratado desde un punto de vista más actual. Dos años después se estrena la segunda parte donde repiten directores y actores, exceptuando el cambio de Terrence Howard por Don Cheadle debido a temas económicos. A diferencia de otras películas de superhéroes, ya sean de Marvel o de la DC, Favreau ha tenido claro desde el principio el tono que quería darle y quien iba a ser la auténtica estrella de los espectáculos que iba a montar. En Iron Man siempre ha deshechado ese tono adulto que han tenido otras adaptaciones como Batman Begins de Christopher Nolan, Hulk de Ang Lee, X-Men de Bryan Singer o Spiderman de Sam Raimi (con varias concesiones pero siempre adentrándose en la torturada alma de Peter Parker). Y en muchas de esas películas realmente los protagonistas o el personaje fascinante siempre era el malo: el Joker tanto de Heath Ledger como de Jack Nicholson, aunque este último me irrita, el duende de Willem Dafoe y el Doctor Octopus de Alfred Molina e incluso prefería ver a Magneto antes que al profesor Xavier gracias a la gran presencia de Ian McKellen. En Iron Man se decidió que el personaje fascinante, el que se comería el mundo iba a ser Tony Stark y para ello se fue consecuente y ficharon a Robert Downey Jr., un actor con un carisma brutal que incluso sin apasionarme el giro que ha tomado su carrera tras protagonizar la primera parte, sigo yendo al cine a ver cualquier película en la que aparezca. Ni siquiera el Obadiah Stane que interpretaba un actor con la presencia de Jeff Bridges pudo eclipsar el show que daba Robert en la primera parte haciendo la película suya cuando quería. Y en la segunda parte no es una excepción aunque comparte más el protagonismo con otros actores secundarios.




Con el personaje ya presentado, en esta segunda parte Favreau decide contarnos los problemas que hay alrededor de él tras confesar a todo el mundo que es Iron Man. Los problemas con los políticos, con el mandamás de otra industria, con su adorada secretaria, con el supuesto daño que causó su familia tiempo atrás y, por último, problemas con su propia salud debido al corazón que tiene. Iron Man 2 es más espectacular y más estúpida que la primera parte. Todo está multiplicado por dos. Desde luego, es innegable que entretiene y que tiene personajes que enganchan. Pero que también unos cuantos de los golpes de humor que tiene resultan infantiles, sin gracia, tremendamente delirantes. La trama se sigue bien, sin ser nada del otro mundo, de hecho es algo mediocre, pero es lo suficientemente clara como para integrar a algunos del grupo de Los Vengadores, comandados por Nick Fury con la cara de Samuel L.Jackson, que pese a que es un reclamo innecesario para próximas películas, tampoco molesta demasiado. Dicho guión también es claro para meter las escenas de casquería cuando la película lo requiere pero que, lamentablemente, la trama se resiente bastante por los citados momentos cómicos que no aportan nada y devalúan el producto. La estrella vuelve a ser Robert Downey Jr. que sigue demostrando que cuando sale en pantalla hace lo que quiere y siempre bien, pero su personaje sin tener la profundidad que pudiera tener en la primera parte, sí que va evolucionando bien. Y a su lado tenemos a un grupo de actores muy competentes: Gwyneth Paltrow y Don Cheadle que cumplen como pueden con sus roles, pese a tener personajes muy poco interesantes, así como el propio Favreau sumando las tres incorporaciones principales: Mickey Rourke, Sam Rockwell y Scarlett Johansson. Mickey Rourke, otro actor al que admiro y no solo por The wrestler, está bien como la némesis de Stark, como ese genio de la ciencia y auténtica amenaza de Iron Man que lo pondrá en aprietos. No es un gran personaje pero Mickey le da su presencia. Sam Rockwell tiene un personaje parecido al de Robert y por ello casi siempre va a su sombra y a ratos resulta muy desquiciante. Es una auténtica pena porque Rockwell es un gran actor y da para mucho más pero su personaje, santurrón, es el típico metepatas que siempre acaba quedando en ridículo. Scarlett Johansson tiene un personaje que no aporta demasiado, pero lo cierto es que acaba teniendo una de las mejores escenas de acción, aún así su personaje es vacío y si se lo hubieran ahorrado no hubiera pasado nada. Es una pena porque sigo creyendo que es una actriz que tiene el suficiente talento para construirse una carrera bastante sólida pero últimamente no está eligiendo bien y se está perdiendo en roles secundarios mediocres o en personajes principales bastante prescindibles. Todo lo que se refiere a la trama del corazón de Tony Stark y la de su padre, interpretado por esa bestia parda de John Slattery que destaqué la semana pasada en Mad Men, no resulta molesta de seguir.




Es un producto entretenido que, finalmente, es lo que importa en una película de este tipo. Pero no resulta tan entretenida como la primera parte donde Favreau sí que dio en el clavo retratando al personaje. Si se deja de concesiones tontas al humor, sin renunciar a él, ya que unos cuantos golpes de humor nunca vienen mal, pero tampoco tiene que ser de manera constante ni tan infantil, sí que creo que Favreau puede ofrecernos una buena película. Veremos si con la tercera lo consigue o si nos llega antes la película de Los Vengadores a la que también habrá que estar atentos. Lo importante es que Robert Downey Jr. siga dentro para poder disfrutar al 100% de las posibles continuaciones. Sin él no sería lo mismo. Y sin esos secundarios, que aún estando a su sombra, siempre está bien ver a un buen grupo de profesionales como los que Favreau ha tenido en las dos primeras películas.


lunes, 26 de abril de 2010

Mad Men - Spoilers

A lo largo de las tres temporadas que hasta el día de hoy componen la serie, Mad Men ha logrado situarse en el mapa gracias a una serie de guiones sutiles, inteligentes, repleto de grandes diálogos y con personajes muy trabajados cuya piedra angular es el Don Draper al que Jon Hamm ha sabido amoldarse a la perfección. Es una serie sencilla, de 13 intensos capítulos por temporada que habla sobre varias cosas: temas como las ventas, la publicidad, el matrimonio, las pequeñas rencillas entre los empleados o la política en los años de Kennedy. Probablemente también se le haya acusado de ser una serie machista pero ni mucho menos, sino que el machismo es otro de los temas que trata la serie para contarnos con ello la incursión de una mujer, Peggy, en un "mundo de hombres" allá por los años 60, donde las cosas no estaban fáciles para ellas y donde el mejor trabajo que podían tener en una empresa de este tipo es el de ser la secretaria. Dicha incursión está descrita con personalidad, sin rebajamientos ni vulgaridades, con la chica mostrando en todo momento su carácter y su ambición, sabiendo comportarse como un hombre cuando la ocasión lo requiere o dando el toque femenino, que esa empresa no tenía antes, cuando es necesario vender un producto cuyos máximos consumidores son mujeres.




Por lo general, se ha visto una serie muy conjuntada durante sus 39 capítulos. Quizá algún pequeño detalle no me gustó durante su primera temporada pero creo que ha sido resuelto con mucho talento durante las siguientes dos temporadas. La inclusión de temas como la homosexualidad de uno de los empleados o la venta de la empresa, que concluye con ese tremendo final de la tercera temporada con los miembros fuertes del reparto despidiéndose de la empresa y montando su propio negocio en un pequeño apartamento además de con Don Draper divorciándose, ha sido tremendo, una muestra de que la serie no está muerta y aún va a tener mucho que ofrecer durante, al menos, una temporada más. Y es que aparte de saber incluir varios temas a la perfección, una de las virtudes de la serie son sus personajes. Todos tienen algo que aportar, momentos en los que se encuentran dubitativos, en el que tienen que tomar decisiones difíciles. Y por suerte eso no solo se reduce a los personajes de Don y Peggy, sino que también Betty, la mujer de Don, Pete, un joven con una ambición desmesurada cuya máxima meta es ir ascendiendo en la empresa e ir pasando por encima de los demás incluso si es su propio jefe, o Roger, uno de los mandamases de la empresa, buen amigo de Don y amante de las secretarias de la empresa y de las mujeres jovenes.




Las pequeñas disputas entre miembros de la empresa siempre ha sido un aliciente al igual que esa pequeña rebelde que es la mencionada Betty, la sufrida esposa de Don y aburrida ama de casa, viviendo siempre una y otra vez infidelidades de su marido y capaz de hacer lo que sea pese a su inocente y angelical rostro. Por no hablar del misterioso pasado de Don, que nos muestra a un hombre que en determinados momentos va a ser capaz de hacer lo que sea necesario para salir adelante, solo por garantizar su seguridad y que la gente sepa de él lo menos posible.
Es muy recomendable verla en versión original aunque bueno, probablemente, después del gran éxito de la serie en la televisión española con ese gran trato que le ha dado Cuatro a las tantas de la noche, la gran mayoría de gente ya ve la serie así. Y lo peor de todo es que es comprensible que la pongan a esas horas porque es una serie que en horario de máxima audiencia hubiera sido un auténtico fracaso.



domingo, 18 de abril de 2010

Alicia en el país de las maravillas (2010)

No soy un gran fan del cine que ha dirigido Tim Burton durante toda su carrera como cineasta lo que no significa que no reconozca que tiene talento. Y desafortunadamente esta nueva versión que ha realizado de Alicia en el país de las maravillas me parece en todo momento fallida e indigna de un director, que aún pareciéndome algo sobrevalorado, es un tipo que ha conseguido llegar hasta donde ha llegado a base de crear universos personales y personajes de lo más extravagantes que iban a tono con la historia que querían contar. Ahí están la inconfundible Eduardo Manostijeras o las películas que más me gustan de las que ha dirigido que son Ed Wood y Mars attacks! a las que se suma Vincent, cortometraje que dirigió en sus comienzos y donde se muestra que como mejor me entra Burton es a pequeñas dosis.




En su última película, el universo que Burton crea para introducir al personaje de la adolescente Alicia en su segunda aventura en el país de las maravillas es de todo menos personal por mucho que quieran comparar esa rebeldía de la protagonista principal con un rasgo característico del cine del propio director y pese a contar con varios personajes que más que extravagantes, son idiotas perdidos que tienen momentos de muchísima vergüenza ajena. En ningún momento percibo el estilo burtoniano que dice tener más allá de algunos detalles visuales. Tan solo algún secundario da la talla como Helena Bonham Carter como la Reina Roja y el gato de Cheshire con la voz de Stephen Fry, insuficiente para un producto de este calibre. A ratos también la Reina Roja se me hace pesada con el tema de las cabezas, pero cuando se pone en plan caprichosa sobre quien se ha comido sus pasteles es cuando la película funciona un poquito. No se puede decir lo mismo de un pesado Johnny Depp, un Crispin Glover algo perdido y una Mia Wasikowska anodina, muy alejada de esa chica inquietante y morbosa que interpretó tan bien en In treatment.




Hay algunas películas en las que Tim Burton ha tenido guiones muy justitos y ha tirado de sus características habituales como director para intentar solventar esas historias, pero jamás se había notado tanto que tenía tan pocas cosas que decir como en la película que nos ocupa. Ni la locura de los personajes, ni el universo visual son capaces de sostener una película que se cae por si sola entre escenas que no aportan nada, uno se acaba cansando de tanto cambio de tamaño de Alicia, y entre un final que nunca parece acabar con una batalla bastante aburrida. Puede que visualmente sea esplendorosa, pero el 3D no aporta nada e incluso las gafas te acaban agotando la vista y las notas en todo momento, es lo que sucede cuando una película es concebida en 2D y por la moda actual acaban pasando los efectos a 3D. Eso es algo que en Avatar solo pasaba al principio, luego te acostumbrabas pero era una película realizada desde el principio en 3D. Espero que no se convierta en una costumbre lo de pasar de 2D a 3D y si se hace una película en 3D es porque desde el principio se tenía esa intención.


domingo, 11 de abril de 2010

Mi vecino Totoro

Ver Mi vecino Totoro en el cine resulta un placer. Y es que la película dirigida por Hayao Miyazaki, uno de los maestros del cine de animación y del cine en general, me parece una de las obras cumbres de la animación. No solo me parece una de las mejores películas de Miyazaki (nada tiene que envidiar a El viaje de Chihiro) y una de las mejores películas del género, sino que también es una de mis películas favoritas. Y es que con Mi vecino Totoro Miyazaki demuestra que haciendo un cine que destaca por su sencillez y que parece no tener un gran argumento, se pueden hablar de muchas cosas y hacerlo con un talento narrativo increíble, con mucho temple a la hora de poner personajes de lo más estrambóticos. Todo eso hace que su película sea un placer para todos los sentidos. Y no es la primera vez que Miyazaki hace esto con una película suya pero quizá con Mi vecino Totoro sea con la que más se perciba esa muestra de talento inusual, de como sacar tanto con tan poco, con una historia sencilla de dos niñas que pasan sus horas en el bosque. La película es un cuento precioso con el que soñar, con el que cerrar los ojos y dar lugar a la imaginación, a ese poderoso mundo que creamos dentro de nuestra mente.




No solo la historia de las niñas en el bosque con todos los personajes que se encuentran como Totoro o el genial Gatobús es muy buena, sino todo lo relativo a la madre de las niñas y como está tratado resulta natural y tremendamente conmovedor. En todo momento hace un retrato sensible de ese tema, que no sensiblero. El encanto con el que el director japonés envuelve toda la trama y a todo los personajes, lo humanos que resultan, la tristeza y también la alegría que rodean a las dos niñas hacen que ver Mi vecino Totoro sea una experiencia increíble. Tanto para los más pequeños como para los más grandes. Y esta película me acompañará toda mi vida por lo que ha significado para mí. Por eso, verla por fin en pantalla grande, ha sido de lo más emocionante. Una experiencia que jamás olvidaré.


lunes, 5 de abril de 2010

Moon, El huevo de la serpiente y Furia de titanes (1981)

Moon:


Tras triunfar en el último festival de Sitges el director de Moon, Duncan Jones, también conocido por ser el hijo de David Bowie, ha puesto su nombre en el mundillo cinematográfico y ya mucha gente quiere ver el que será su próximo proyecto. Y es que con Moon, Duncan Jones vuelve al género de la ciencia-ficción de una manera más clásica y sosegada. Lamentablemente, pese a las buenas intenciones, no todo es bueno en su película, pero tampoco todo es malo. La trama avanza yendo de más a menos, después de unos inicios prometedores, todo se acaba convirtiendo en un batiburrillo argumental que ni produce tensión, ni emociona ni nada pese a que Duncan Jones lo intenta. Pero como no es tonto, sustenta mucha parte de su película al actor principal y, por fortuna, escogió al adecuado, el minusvalorado y siempre grande Sam Rockwell capaz de pasar del drama a la comedia en un segundo sin pestañear. Es cuando Duncan Jones muestra la relación del personaje de Rockwell con su clon y con el ordenador cuando Moon mejor funciona y más engancha, cuando la trama parece sugerir algo antes de irse al traste, cuando se intenta dar entidad y algo de profundidad al personaje de Sam, que acaba pareciendo más un pegote argumental para intentar aportar sentimentalismo que otra cosa. Al final nos encontramos ante una película que resulta interesante pero también ante una película que podría haber dado mucho más de sí.




El huevo de la serpiente:


El huevo de la serpiente es un Bergman raro, que en muchos momentos no parece dirigida por él, que comienza como una película de época que no parece ceñirse a las características habituales del cine que dirigió Ingmar durante toda su carrera. En un principio sorprende porque ya de inicio, Bergman se desprende de ese ritmo más pausado que solía manejar en sus películas, de hecho a medida que avanza la farragosa trama, le va imprimiendo más. Y de una tacada, Bergman convierte una película algo aburrida, sencilla y sin interés, con una historia entre los personajes de David Carradine y Liv Ullmann que en ningún momento emociona ni sugiere, en un producto caótico, irregular, fallido pero interesante, bastante excesivo en varios momentos, con escenas que parecen que están de más (el encuentro de Carradine con las prostitutas y el negro) pero que te va atrapando, que te descoloca y que van haciendo que la película de pronto vaya cogiendo mucho interés hasta su muy interesante y bien realizado final. Es cuando parece aceptar su condición de película no bergmaniana -aunque con momentos Bergman- y acaba asumiendo que su película es fallida y no solo no se avergüenza de ello sino que lo potencia a través de las situaciones, cuando El huevo de la serpiente comienza a funcionar, comienza a sugerirte. De Bergman siempre hay que esperar más, pero me basta con que haya sabido reconducir una película que no estaba ofreciendo nada para acabar ofreciendo algo interesante apoyado en una trama que funciona mucho mejor cuando trata el tema de los experimentos que cuando cuenta la historia entre David Carradine y Liv Ullmann.




Furia de titanes (1981):


Ahora de moda recién estrenado la versión modernizada que se puede ver también en 3D, a la película original dirigida por Desmond Davis le pesan los años como una losa. Pero precisamente son esos efectos especiales pasados de moda, completamente cutres vistos hoy en día, lo que confieren a la primera versión de Furia de titanes cierto encanto. La obra te lleva en todo momento a tu infancia, a cuando uno creció viendo ese tipo de películas en la que los protagonistas para lograr su fin final tenían que pasar antes un montón de "pruebas" para lograrlo. Y aquí Perseo para derrotar al Kraken que va a matar a la mujer que ama, ofrecida como sacrificio, tiene que vivir unas cuantas aventuras para conseguir lo que necesita para poder derrotarlo. Furia de titanes es una historia de venganzas muy bien tratada, con personajes que derrochan carisma, con varios momentos que no solo tienen encanto sino también fuerza. Las secuencias en el Olimpo son antológicos, esas luchas de egos están retratadas de gran manera. Sobre la versión que acaban de realizar dudo mucho que vaya a verla, al menos en un periodo cercano y en el cine, pero dudo mucho que ofrezca algo más salvo esos efectos especiales que han potenciado y que harán de la versión un producto espectacular pero vacío.


lunes, 29 de marzo de 2010

The ghost writer (El escritor)

Ciñéndonos a Polanski como realizador y dejando todo lo demás fuera, hay que reconocer que Polanski es uno de los pocos clásicos modernos que quedan. Quizá no sea de mis directores favoritos pero eso no quita que no reconozca su importancia y que nos ha regalado algunas películas muy notables como La muerte y la doncella, La semilla del diablo o Chinatown. Bien es cierto que su último cine no me interesaba demasiado, incluyendo El pianista que cada día me apasiona menos, y que desde que dirigió La novena puerta siempre he pensado que su talento daba mucho más que para hacer ese tipo de películas u otra adaptación de Oliver Twist con una ambientación más oscura. Quizá su nueva película no sea una obra maestra, pero al menos recupera ese tipo de cine del director que me interesa ver, que maneja con buena mano las obsesiones, que trabaja los personajes sin descuidar ninguno, que teje una trama donde el aspecto psicológico está bien tratado, que contiene momentos de tensión llevados con la buena mano del realizador. No todo es perfecto, pero es puro Polanski. Algo más comercial, pero Polanski.




Con un trama sencilla, en la que un escritor aparece muerto mientras está escribiendo las memorias de un antiguo ministro en plena actualidad por verse implicado en algunos asuntos turbios en aquella época, sus memorias serán continuadas por otro escritor calificado como "fantasma" o como "negro" en la versión doblada. Ese escritor convertirá las palabras del político en prosa para que acaben resultando en un libro. Con solo eso, Polanski es capaz de rodar un thriller de gran elegancia que ya desde su primera escena tremenda con el bote llegando al muelle quiere dejar claras cuales van a ser sus intenciones. Intenciones de las que no se aleja encerrando a sus personajes en un pequeño pueblo y en la mansión en la que se ven recluidos. Polanski dirige con nervio, sin acelerarse, con mucho pulso, dotando a la película de un clima especial que la gran mayoría de directores actuales no pueden o no saben hacer. Además acompañado en algunos momentos por un humor muy cínico que desahoga en determinados momentos. Se nota también que en la trama hay algo personal, se pueden ver semejanzas con la situación que vive el propio director dentro de su vida privada en la actualidad.
Como ya he dicho, la película no es perfecta y quizá en esa trama, en la investigación que el personaje de McGregor acomete, cojea un poco hacía la mitad, antes de llegar al final de la película, pero desde luego es algo que no molesta demasiado y que está más o menos bien controlado.




También cabe destacar el absoluto control que ejerce Polanski sobre sus actores y como saca lo mejor de cada uno desde el que más minutos tiene en pantalla, un creíble Ewan McGregor controlado y que en ningún momento se excede, hasta los que menos minutos tienen, grandes profesionales del calibre de Tom Wilkinson o Eli Wallach que en las escenas que tienen están perfectos, especialmente el primero. Si a eso le sumas un carismático Pierce Brosnan que está muy bien en el papel del político y, la reina de la función, una Olivia Williams que hace suya la película cada vez que aparece, todos ellos te muestran como Polanski ha sustentado también su película en unos actores que lo han dado todo y que él los ha recompensado con papeles muy jugosos.
Una película muy digna de ver y una película que refleja con mucho acierto las obsesiones habituales del cine de Roman Polanski mezclado con una comercialidad que hacen que quizá su producto no tenga ese toque personal que sí tenían algunas de sus películas dirigidas en los 60 o los 70 como Repulsión o El quimérico inquilino, pero que nos seguimos encontrando ante una película metida dentro de su universo. Y que se sigue demostrando que, hoy en día, siguen siendo los grandes directores, los "clásicos modernos" los que siguen manteniendo, en lo que a calidad se refiere, esto a flote.