martes, 10 de julio de 2012

The Newsroom: Episodio piloto



Sin ningún tipo de duda, Aaron Sorkin es uno de los hombres de moda. Tiene a sus espaldas dos series de culto -El ala oeste de la casa blanca y Studio 60 y, bueno, en menor medida una tercera sería Sports Night- pese a que la segunda fue cancelada por bajas audiencias y los guiones de películas como La guerra de Charlie Wilson, Moneyball y La red social le han colocado arriba también dentro del ámbito cinematográfico. Tanto que él, por encima de un reparto de caras conocidas, ha sido el principal reclamo de The Newsroom, serie que acaba de crear para la HBO y que ha tenido una gran audiencia. Sorkin ya está dentro de la liga A y parece que con The Newsroom se va a confirmar como uno de los grandes creadores actuales de América -si es que no lo era ya-.

  
The Newsroom tiene una escena inicial en la que Sorkin pretende ganarse al público ya de principio. Sobre todo porque vemos a un personaje aparentemente imparcial dando su opinión, después de que le fuercen a darla, sobre lo que piensa de la condición de América como mejor país del mundo. No cabe duda que siendo una serie de Sorkin y encima retratando un equipo de noticias, The Newsroom va a hablar mucho de la situación de Estados Unidos -con noticias que han sucedido en la realidad- y también sobre política sin intentar posicionarse -aunque por muy imparcial que intente ser Sorkin no sé si lo conseguirá, en Studio 60 creo que acababa pecando precisamente de eso-.


Pero eso no será lo primordial porque no tengo dudas que ese puesto lo van a ocupar los personajes. O al menos eso se intuye del capítulo piloto en el que, con muy poco, han definido a la mayoría de personajes importantes y las relaciones entre estos. En un lado tenemos a Will, el difícil presentador del programa, sobre todo de puertas para adentro, al que parece que se le va la cabeza cada dos por tres. La cita explicita de El Quijote no es gratuita pues se puede ver una similitud entre el personaje de Jeff Daniels y el famoso hidalgo, con todo su equipo como sus fieles escuderos.


Esperemos que el componente romántico de la serie sirva para darle un toque más amargo a los personajes, pues las relaciones que tienen o están acabadas o resultan complicadas, y no para hacer una serie donde esto termine devorando a lo anterior. No creo que sea así. Pero ya vemos que McKenzie (Emily Mortimer) mantuvo una relación con Will (Jeff Daniels) hace años y que puede seguir existiendo entre ellos eso de la tensión sexual no resuelta. Por otra parte, tenemos al productor chaquetero con una de las empleadas de Will que a su vez tiene un acercamiento con el hombre de confianza de McKenzie. Vamos, un trío en toda regla en la que se ve inmersa el personaje más nervioso o inseguro de la serie (Alison Pill), por decirlo de alguna manera.


El director del capítulo piloto es Greg Mottola. El director de Superbad, Adventureland y Paul. También productor de la serie. Y algo del Jesse Eisenberg de Adventureland hay en el personaje de Will. De esa mirada amarga solo con la diferencia que él era un joven estudiante que tenía que pasarse un verano trabajando y Will es un periodista que lleva ya años al pie del cañón. Pero Mottola hace su trabajo de manera notable. Con una sobria puesta en escena, nos ofrece un par de planos tan detallados como notables, sigue a la perfección a los personajes y mejora con la elegancia que le imprime a la dirección el guión de Aaron Sorkin. 

  
The Newsroom es una serie que necesita tiempo. En el piloto hay grandes cosas pero las mejores pueden estar por llegar si siguen con este ritmo. Espero que Sorkin no termine convirtiendo su producto en una marioneta en la que mostrar su ego con diálogos ágiles que resultan vacíos o terminando por hacer una crítica vulgar de todo el mundo que retrata. No lo creo. Puede ser una de las grandes series de la cadena y con un reparto inmenso. Tenía ganas de ver a Jeff Daniels con un papel protagonista y siento debilidad por Emily Mortimer. De momento, ya tiene asegurada la segunda temporada.



domingo, 8 de julio de 2012

El enigma del cuervo



El enigma del cuervo marca la primera película en la trayectoria del director James McTeigue alejado de los hermanos Wachowski con los que fue asistente de los directores en Matrix -también lo fue del Street Fighter de Van Damme, El ataque de los clones y de Dark City-. Más tarde llegó su debut como director, la adaptación de la novela gráfica V de Vendetta, que dividió a la gente entre los que la consideran una película interesante y con cosas que decir y los que la ven como una perversión de la obra de Alan Moore y David Lloyd, una pobre adaptación para adolescentes de la novela. Y para finalizar, además de rellenar lo que quedaba del enésimo remake de La invasión de los ladrones de cuerpos con Nicole Kidman como protagonista tras el despido de Oliver Hirschbiegel, también dirigió Ninja Assassin, película de entretenimiento que fue mal recibida pero que debo reconocer que me parece un placer culpable y la disfruté.


Para dejarlo claro, El enigma del cuervo me parece la peor película de McTeigue. Y no debe llevar a engaño por tener a Edgar Allan Poe implicado en la película, pues más allá de las referencias inevitables a sus obras, marcado por el mismo argumento de la película, no hay mucho más de Poe. Se habla mucho de referencias que ha tenido la película. Obras como Se7en, a un claro nivel superior, Sleepy Hollow -que, al fin y al cabo, Burton bebe de Poe- o las Sherlock Holmes de Guy Ritchie, aunque sin el humor negro de la obra de Tim Burton ni con esa especie de slapstick que es a veces la película de Ritchie con la química entre Downey Jr. y Jude Law. 


Tampoco quedaría bien parada comparada con las adaptaciones de Roger Corman que solía protagonizar Vincent Price. Resulta curioso que este año también Francis Ford Coppola haya utilizado la figura de Poe para uno de los personajes de la curiosa Twixt, película superior y mucho más personal que El enigma del cuervo y que se adentra mejor en el ambiente malsano del pueblo donde se encontraba el personaje de Val Kilmer. La película de McTeigue es más accesible aunque no termina por sacar jugo a todo lo que prometía de antemano.


McTeigue y los guionistas nos presentan a un Poe en sus últimas semanas/días de vida, alcoholizado -aunque lo suficiente para seguir lúcido- pero también enamorado. Y este era su principal atractivo porque aunque sabíamos que iba a primar la ficción, con una historia inventada para la ocasión, la gente probablemente se esperaba más rasgos de Poe en la película. La película tiene sus aciertos que van muy especialmente en el acabado técnico de la película. McTeigue se aprovecha de la ambientación oscura para intentar sacar provecho del tema. También lo que se refiere a vestuario y demás cosas está muy bien tratado. Se le puede achacar ciertos vicios de McTeigue como su adorado tiempo-bala.


Los problemas están más en la historia pues esta historia de un serial-killer que se inspira en las obras de Poe no da para más. Se ha hablado también de la saga Saw en algunas de las muertes que comete el asesino y algo de eso hay. Pero no logra que nos preocupemos por la chica cuando la secuestran, ni logra siquiera que logremos empatizar con el personaje de Poe, que te da exactamente igual si lo resuelve todo o no. Un villano decepcionante y unos personajes secundarios muy, muy pobres terminan por matar la función.


Entre las referencias a la obra de Poe, me quedo con la de La máscara de la muerte roja con ese baile que organiza el personaje de Brendan Gleeson con la policía por en medio. Me recordó de cierta manera a la muy extraña escena de la película de Corman -salvando las distancias- y me parece lo más reseñable de la película. De actores poco se puede decir. Los secundarios poco aprovechables, Alice Eve en el típico personaje femenino que poco aporta a la película y un John Cusack que en el papel de Edgar Allan Poe está siendo muy comparado con el Nicolas Cage más sobreactuado. Se puede ver porque la película puede llegar a entretener, aunque se haga algo larga, pero el resultado es insuficiente.


sábado, 30 de junio de 2012

Blancanieves y la leyenda del cazador



Hay poco que decir sobre la Blancanieves y la leyenda del cazador. En comparación con la otra adaptación del cuento de los hermanos Grimm realizada también este año, ésta es mucho más oscura, adulta y seria -eso no significa que sea mejor- ya que Mirror, Mirror daba más rienda suelta al humor, regalando momentos tanto simpáticos como otros que daban algo de vergüenza ajena. Creo que lo que más se ajusta a Blancanieves y la leyenda del cazador es que es una película regular, no tiene nada bueno ni que la haga especial pero tampoco nada que sea excesivamente malo. Pero eso es un problema pues vi la película con cierta indiferencia y no logré emocionarme ni siquiera entretenerme con lo que veía.


La película supone el debut como director de largometrajes de Rupert Sanders, que ha contado con un presupuesto cómodo y con algunas de las actrices más conocidas en la actualidad, lo que siempre supone algo positivo de cara a la taquilla. Más bien su trabajo parece un refrito de muchas cosas con las que ya ha sido comparada su película. A mí más bien me parece que lleva al mundo del cuento ese estilo que ha ido cultivando Ridley Scott en sus películas épicas -Gladiator, El reino de los cielos, Robin Hood-. Y si las películas de Scott no me hacen especial gracia, la de este director debutante menos aún.


Después del prólogo para contarnos de manera breve la infancia de Blancanieves y como su malvada madrastra logra apoderarse del reino, pronto nos sumergen en la historia de la primera siendo presa en la torre y la segunda intentando mantenerse joven para siempre. Pero, claro, la primera logra escaparse y la segunda deberá encontrarla para conservar su poder y que Blancanieves no acabe con su maligno reino. Y ahí tendremos al cazador por medio, primero intentando apresar a la princesa pero más tarde ayudándola.


Un par de paisajes aprovechados, muchos personajes de los que no se saca demasiado provecho -entre ellos los 7 enanitos, en esta cinta 8 en concreto-, una épica de baratillo y no demasiado emocionante terminan por casi rematar a una película. Lo que realmente la termina de rematar es que en una película titulada Blancanieves y la leyenda del cazador, lo menos interesante sean justamente los personajes de Blancanieves y el cazador. Y siendo los protagonistas de la película, esta se resiente por esto. Ni los personajes son aprovechables y ni mucho menos los actores, una apagada Kristen Stewart, muy lejos de sus interesantes inicios, y un Chris Hemsworth poco acertado.


Quizá los personajes malvados sean lo más interesante de la película. Y son los actores como Charlize Theron los que más pueden lucirse al tener las escenas más interesantes. Pero más allá de eso, tampoco es que la actriz haga nada demasiado especial. Igual que los otros. Entre los actores, quizá lo más curioso sea el ver a actores conocidos interpretando a los enanitos -Ian McShane, Toby Jones, Ray Winstone o Bob Hoskins entre otros-. Y es una pena porque casi todos están desaprovechados. Como la película en general, que podría haber sido un producto muy entretenido y bien hecho. Aquí solo queda un par de apartados técnicos bien cuidados, un par de paisajes destacables y poco más. Pero Rupert Sanders y su guionista nunca son capaces de aprovechar la historia que todos conocemos ya demasiado bien para darle la vuelta o para aprovechar su componente fantástico.


domingo, 24 de junio de 2012

Intocable


Iba con ciertos reparos a ver Intocable. Las películas con las que era comparada, que según dicen es una mezcla de El discurso del rey y Paseando a Miss Daisy, ya me echaba un poco para atrás. No es que la película de Tom Hooper me disgustara, tiene su punto aunque tampoco me pareció ninguna maravilla pero, eso sí, Paseando a Miss Daisy me parece una película lamentable. Y dejando de lado esas posibles comparaciones, tampoco lo demás de Intocable me hacía especial gracia. Mezcla entre drama y comedia en la que un tetrapléjico y un inmigrante negro comienzan a tener una relación de amistad después que el segundo comience a trabajar para el primero. Y, para rematar, la película también está basada en hechos reales... vamos, que todo en Intocable parecía pura formula -que lo es-, un tipo de película a priori insoportable.


Tras verla, el resultado es mejor de lo esperado. No es que sea una gran película pero sí resulta un film simpático. Creo que su mayor virtud es que los directores no dejan que la parte dramática devore a la cómica. Es más bien todo lo contrario, la cómica se impone ampliamente a la dramática y yo, sinceramente, lo acabo agradeciendo. Intocable es una película bienintencionada que pese a que sus personajes formen parte de unos estereotipos muy evidentes y muy marcados y que podrían haber llevado a la película a unos terrenos mucho más dramáticos.


Porque al final lo que importa es esa relación entre los dos personajes principales y, muy especialmente, esas partes en que el inmigrante negro se desata y abre la boca más de lo que debería. Es muy probable que muchos de los gags estén en el trailer pero Intocable funciona como comedia principalmente por su personaje principal. Y es que tanto el personaje como el actor, Omar Sy, están primorosos y se imponen a todo y a todos. François Cluzet no le impone batalla como discapacitado ni tampoco los demás actores. Omar Sy hace la película suya y termina por contagiar al público. Pero uno de los problemas es precisamente ese, que más allá de él no hay demasiado.


Cada uno tiene su parte más dramática pero que están, por suerte, mucho menos desarrollada. El personaje de Omar Sy tiene a su familia, un hermano menor metido en líos y una madre que no quiere saber demasiado de él, y aún así nunca pierde la sonrisa de la boca ni las ganas de hacer cosas nuevas como ponerse a pintar alguna tontería solo para ver si es capaz de sacarse algo de dinero. El personaje de Cluzet tiene a una hija un tanto desmadrada, una mujer que falleció, una mujer con la que se cartea y que no quiere que ella le vea tal como es. Todo eso acaba quedando por detrás de la relación entre el tetrapléjico y su nuevo cuidador.


Y también tenemos las relaciones que se establecen entre ese cuidador con las demás personas que también trabajan en esa casa. Especialmente con dos mujeres de allí. Una con la que quiere acostarse siendo siempre rechazado y siendo un negado a la hora de ver si le están tomando el pelo o no, y la otra, una relación más de amistad, a la que ayuda a dar el paso para mantener una relación con otra persona que trabaja allí. La labor que realizan los codirectores, Olivier Nakache y Eric Toledano, es funcional en la dirección mientras que en el guión son capaces que la historia no se les vaya de las manos. Pero no es esa gran película que se dice. Por suerte, es mejor de lo que yo esperaba en un principio.

domingo, 17 de junio de 2012

Moonrise Kingdom


Desde que debutara en el cine, Wes Anderson siempre ha sido uno de los niños mimados dentro de la comedia americana. Y es que pese a realizar un tipo de cine muy personal, de ese que mucha gente puede llegar a odiar, el director ha logrado hacerse un hueco en la industria, reunirse para cada película con un grupo de actores que más quisiera cualquier director y que sus trabajos sean recibidos de forma muy positiva. A mí siempre me ha parecido un director irregular que es capaz de lo mejor y de lo peor, a veces ambas cosas en una misma película como en el caso de The Life Aquatic, aunque creo que es un buen director y que ha logrado crear un universo propio.



Como en todo el universo de Anderson, en Moonrise Kingdom el director nos cuenta la historia de dos chicos inadaptados. Un huérfano que vive en una casa de acogida y que es marginado en los boy-scouts y una chica asocial y deprimida y con unos golpes de locura que si andas cerca mejor que te alejes porque puedes acabar mal. Y, como viene siendo habitual en el cine del director, los personajes adultos se niegan a madurar aunque tienen ese punto melancólico -que también tienen los jóvenes- que se adecua a la perfección con ellos. Moonrise Kingdom es una obra mayor en la filmografía de Anderson, yo diría que su película más pura, la que, aún teniendo ese estilo excéntrico del director, más auténtica se siente, la que menos artificiosa y forzada resulta.


Pero es una película muy planificada, en que cada referencia y cada imagen tiene sentido. Anderson filma a la perfección y nos regala varias imágenes salidas de cuadros o fotografías, probablemente algunas de esas imágenes de algunos de los libros que vemos, perfectamente filmadas con la cámara del director que se atreve a seguir a los dos personajes adolescentes por su travesía en el bosque con un toque de inocencia que parece surgida de la misma relación de los chicos. También saca provecho de la naturaleza y de los paisajes deteniéndose en ellos cuando cree necesario. Y a diferencia de The Life Aquatic donde el mar era un protagonista pero acababa siendo devorado por las excentricidades de los personajes, esta vez Wes Anderson aprovecha cada lugar que vemos, saca lo mejor de cada sitio sobre todo de ese lugar donde los dos chicos se detienen, se besan, bailan, etc.


También guarda Anderson cierto gusto por los pequeños detalles. Desde las cosas que Suzie lleva en el viaje haciendo Sam un inventario con las tijeras para zurdos, la comida para gatos y los libros de ella entre otras cosas. Tiene algún detalle que podría haber resultado forzoso -por ejemplo el tema que la chica mire constantemente con los prismáticos aunque sea un recurso que se entienda- pero Anderson logra resolverlo con talento. La relación entre ambos es pura, con sus pequeños enfados, él recriminándole que ella diga que preferiría ser huérfana, esa inocencia que destilan en sus conversaciones e incluso bailando o con él tocando los pechos de ella. Los personajes adultos tienen un protagonismo menor pero aún así hay algunos personajes bien trazados apoyados en el trabajo de algunos de sus actores. Especialmente Edward Norton, que es un actor que lo necesitaba, y cuyo personaje se impone al resto de los adultos.


También tiene sus cameos o pequeñas apariciones divertidas como toda la muy divertida aparición de Jason Schwartzman, habitual en el cine de Anderson, o toda la escena de Harvey Keitel degradando a Edward Norton. La parte de Bruce Willis tiene su punto aunque quizá no sea tan interesante como el resto al igual que el matrimonio entre Bill Murray y Frances McDormand aunque deja una conversación en la cama -mejor dicho en las camas separadas-. Pero en este caso son los dos chicos, Jared Gilman y Kata Hayward, los que llevan el peso de la película. Y lo hacen asombrosamente bien. Sobre todo ella que tiene que aguantar muchos primeros planos de Anderson con una fuerza increíble, pareciendo una actriz madura y no una chica debutante.


En el guión, Wes Anderson colabora con Roman Coppola, habitual en su cine -junto a Noah Baumbach o los hermanos Wilson, sobre todo Owen al que en Moonrise Kingdom no vemos- y cumplen ambos con nota. Incluso esas apariciones del personaje de Bob Balaban están bien introducidas. La película es muy buena y se puede disfrutar tanto si la ves siendo joven como si lo haces siendo adulto. Creo que es de esas películas que con el tiempo incluso acaban ganando. Y la banda sonora es, también, una maravilla. Quizá no tenga algunas de las escenas de The Life Aquatic o Academia Rushmore ni una interpretación tan buena como la de Gene Hackman en Los Tenenbaums -una de las mejores interpretaciones de la década pasada- pero es una película mucho más regular y mucho más madura. Y sin dejar de lado a ese niño que Wes Anderson aún esconde dentro.

domingo, 10 de junio de 2012

Men in black 3


Después de varios años desde la segunda parte, regresa la saga Men in black sin sufrir ninguna baja importante. Porque además de la pareja protagonista que forman Will Smith y Tommy Lee Jones, también ha regresado Barry Sonnenfeld, director de las dos primeras, y los productores de Paramount y Amblin, con nuestro amiguete Steven Spielberg a la cabeza. Aunque sí que es cierto que se han querido renovar y que en este caso es el personaje de Tommy Lee Jones quien pierde protagonismo. Bueno, me equivoco, no es el personaje quien pierde protagonismo porque K es el centro de la trama pero es el actor quien si lo hace respecto a las dos anteriores.


Y es que Men in black 3 podría haber vuelto dando importancia a las situaciones extravagantes con alienígenas o director y guionista podrían haber convertido toda la película en el show particular de Will Smith haciendo gracietas sin ningún descanso pero ambos saben que el mayor atractivo de la película es esa pareja que forman J y K y prefieren darle importancia a los personajes y que no sean meros accesorios como suele pasar en este tipo de productos. Algo de lo citado anteriormente hay pero cobra gran importancia la pareja protagonista y los conocemos un poco mejor. Sobre todo conocemos del pasado de ambos personajes, de cómo uno ha acabado siendo ese viejo amargado y parco en palabras pero que termina siendo como una especie de “figura paterna” del otro agente.


Desde su comienzo con Sonnenfeld filmando la huida del villano de la cárcel lunar, el director hace gala de un sentido de humor que se integra a la perfección con la película. Y es que aunque MIB 3 no tenga la frescura que pudo tener en su momento la primera parte, si que ha logrado salir de ese gran bache que supuso la segunda parte y que hizo que la saga quedara guardada bajo llave durante varios años. La historia es sencilla pero eficaz, quizá con algún golpe de humor innecesario o con alguna cosa que se señala peroque  nunca llega a ser realmente imprescindible en la trama, como la relación entre K y O, Tommy Lee Jones y Emma Thompson en el presente, Josh Brolin y Alice Eve en el pasado, que podría haber dado bastante juego para que se comprendieran mejor ciertas cosas pero acaba siendo un tanto innecesario.


Hay algunos apuntes de los años 60 bastante conseguidos como que aún no se había conseguido la integración racial y siendo el protagonista Will Smith algún gag sobre eso tenía que haber, y también algún apunte musical pero podría haberse sacado bastante más provecho del viaje al pasado, tener muchas más referencias aparte de la machacona y un tanto facilona presencia de Andy Warhol en la película. Por otra parte, el personaje de Michael Stuhlbarg añade excentricismo a la película pero nunca uno puede llegar a entender su presencia en la película más allá de eso. Son pequeños fallos que no matan a la película pero que le hacen ser mucho menos de lo que termina siendo.


La buena química entre Will Smith y Tommy Lee Jones, aquí con el director buscando más que nunca ese contraste entre ambos, ese ying y yang que son cada uno, también se ve reflejada entre la pareja que forma el mismo Will Smith con Josh Brolin, aún siendo un accesible K aunque con indicios de lo que terminaría siendo. Quizá alguna expresión un tanto innecesaria, probablemente acentuada por el doblaje de la película, tiene su personaje. Pero MIB 3 termina por ser una película entretenida y que ofrece justo lo que uno pedía y bien servido por sus responsables.

sábado, 9 de junio de 2012

Le Havre (spoilers)


Le Havre es una película que, aunque en general ha gustado a la gente, ha pasado un tanto de puntillas durante el 2011, tanto en el festival de Cannes, donde se tuvo que conformar con un premio secundario, como en demás sitios. El estreno en España dejó a la película sin estrenarse en muchas ciudades. Quizá la etiqueta de película menor le termine por acompañar allá donde vaya. Todo esto es algo injusto porque ni mucho menos nos encontramos ante una película menor sino ante una obra mayor tanto en la filmografía de ese muy buen director que es Aki Kaurismäki como en el cine realizado en el 2011 -a día de hoy diría que es la mejor película-. Para dejarlo claro, Le Havre me parece una obra maestra. Sin paños calientes.


La película tiene el estilo habitual del director, esa aparente frialdad en el tono para contarnos una historia muy cercana. En este caso la de un hombre mayor que se gana honradamente la vida como limpiabotas en Francia. En este caso, Kaurismäki muy sabiamente decide dejarnos fuera de campo todo lo malo, lo crudo que pueda tener su obra para fijarse en el amor -como esa relación del guitarrista enfadado con su novia y su particular reencuentro-, o la amistad que se establece entre el chico negro y el protagonista. Incluso el policía, que en un principio parece que hará lo que sea para pillarlos, acaba abriendo su corazoncito y dejando que el chico se vaya.

  
Le Havre adquiere el tono de cuento. Pero de un cuento en que deja que el espectador saque sus propias conclusiones. La puesta en escena, brillante, ayuda a potenciar esto. También ayuda lo ya mencionado, el dejar de lado los aspectos más crueles. Pero no termina por endosarte una moraleja o por imponerte nada. Simplemente te cuenta una historia sobre unas personas. Pero aquí no hay buenos ni malos. Ni el policía es tan malo como se demuestra al final, ni el protagonista tan inocente y bueno como se demuestra cuando coge una plancha para intentar atizarle al policía por si terminan pillándole.


El director mezcla comedia y drama de manera brillante. Y se apoya en la puesta en escena y en la ambiente existente de esa ciudad portuaria. Y es que a uno no le importaría vivir en una ciudad como ésta. Y estar acompañado de los ciudadanos de aquí. Me imagino que, como muchos de los personajes que pueblan las películas del director finlandés, muchos acabaríamos en la barra del bar tomando unas copas. Y por suerte, tampoco decide acabar en tragedia todo lo relacionado con la mujer del protagonista que se encuentra en el hospital. Creo que hubiera sido tosco e innecesario todo lo contrario.


Esta especie de retorno del personaje principal, uno de los protagonistas de La vida de bohemia y que entonces era escritor, termina por superar al film dirigido por el mismo Aki. Las interpretaciones rayan a un nivel sobresaliente, destacando la naturalidad de los rostros que pueblan el cine del director, que siempre te los crees e incluso siempre termina por existir una identificación con el personaje. Le Havre es el inicio de una trilogía. Una trilogía sobre ciudades portuarias cuya segunda parte le llevará a España y más concretamente a Vigo. Si le sale la mitad de bien que en Le Havre ya estaremos ante una película fantástica.