sábado, 11 de diciembre de 2010

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte I (spoilers)




Retorno de los jóvenes magos y del director menos interesante de las películas de Harry Potter, David Yates, que se acaba saldando con la mejor película del director dentro de la saga y con una más que evidente mejoría respecto a las dos anteriores entregas dirigidas por el mismo. Lo que menos me gustaban de las dos anteriores es algo que también se le puede achacar a esta última entrega y de hecho es algo que se manifiesta aún más: ser películas de transición. Pero mientras lo que en las dos anteriores películas era precipitado, especialmente en Harry Potter y el misterio del príncipe, aquí es sosegado y tranquilo y tiene emoción, algo de lo que adolecían las dos anteriores más allá del canto del irritante personaje de Bellatrix de "Yo maté a Sirius Black" en la Orden del Fénix y de las escenas del siempre genial Severus Snape en el misterio del príncipe. Probablemente Harry Potter y sus amigos necesitaban salir de Hogwarts de una vez. Fuera de la escuela es donde más y mejor muestran su evolución desde la primera entrega y algo con lo que, al fin, David Yates juega de manera notable.





David Yates pone las cartas sobre la mesa desde su genial y desolador inicio. Son tiempos oscuros y así estará manifestado en toda la película. La primera persecución es notable, está filmada con nervio y tiene tensión. Quizá se le puede achacar que al terminar, muera un personaje como "Ojoloco" Moody (el gran Brendan Gleeson) como si nada. También tiene ese comienzo una escena de una reunión entre todos los personajes malvados de la película que resulta ejemplar. Ahí ya vemos las cartas que manejan todos los personajes, el único que las esconde es Severus Snape (Alan Rickman, de lo mejor, por no decir lo mejor, de todas las películas) en su doble papel que debe jugar una baza muy importante en la última entrega como aliado de Harry Potter.
Después del desastre de la boda asistimos a un buen trecho de película donde el protagonismo absoluto de la película lo tienen los tres adolescentes. Primero yendo al ministerio con una gran huída posterior y después ocultándose en diversos lugares. Puede suponer el tramo más pesado de esta película. A mí me gusta aunque no niego que a veces puede dar la impresión de estar algo estirado. Pero es cuando mejor están tratados esos tres personajes y cuando mejor interactúan entre ellos. Cuando se ve, de manera muy patente en ellos, sentimientos como envidia, celos, frustración y cuando David Yates dirige con mayor intensidad. Se le da mejor este tipo de escenas que otras más relevantes que ha dirigido.





El último tramo de película lo considero más irregular pero no por ello adolece de calidad. El cuento de las tres reliquias de la muerte se revela como una de las mejores escenas no ya solo de la película, sino de la saga entera. Muy bien realizado y contado. A eso se le une una persecución donde atrapan a los tres personajes un tanto exasperante ante tanto movimiento de cámara y una notable escena en la mansión donde aparece Bellatrix (Helena Bonham Carter, de los personajes adultos que menos me gustan de la saga) y los Mallfoy bastante bien resuelta donde muere de manera emocionante Dobby.
David Yates se beneficia del paso que ha dado la saga y lo trata bien. Se beneficia de que se haya dividido la película en dos partes aunque reconozco que tengo bastante temor de que la segunda parte le quede aún más precipitada que El misterio del príncipe por todo lo que se va a guardar para el final. Tiene pinta también de que puede ser una película muy emocionante. Y de los chavales, cabe destacar que la Hermione de Emma Watson devora con demasiada facilidad a sus dos compañeros. Y es una pena porque en la anterior vi cierta mejoría de Daniel Radcliffe. Pero, como ya dije en su momento, quizá se debiera a que compartía mucho metraje con el Albus Dumbledore de un sobresaliente Michael Gambon.



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