miércoles, 30 de noviembre de 2011

Punch-Drunk Love (spoilers)


Tras el gran éxito de Magnolia, el director Paul Thomas Anderson se dio un aparente respiro en su siguiente película, Punch-Drunk Love. De mucha menor duración que el resto de las películas que ha dirigido, que casi todas suelen superar las dos horas (Boogie Nights, Magnolia, There will be blood) mientras que Punch-Drunk Love apenas alcanza la hora y media, Paul Thomas Anderson realiza una comedia romántica, con varios de los ingredientes habituales del género, pero logrando ofrecer al espectador algo distinto a las habituales películas de este género.

Ésa diferencia de Punch-Drunk Love con las otras comedias románticas se la marcan dos cosas: en primer lugar, el carácter inestable del personaje de Adam Sandler, que nunca se sabe cuando se va a comportar como un niño inocente al que le cuesta incluso hablar o cuando se convertirá en un hombre al que se le va la cabeza y podría abrírtela a ti en un par de segundos; en segundo lugar, la dirección de Paul Thomas Anderson, utilizando varios recursos, como la música o los colores, para salir de lo común.

Paul Thomas Anderson nos presenta a un tipo solitario llamado Barry (Adam Sandler) y divide su historia en dos partes que se acaban entrecruzando. Por un lado tenemos la presentación del personaje, de su negocio, de sus siete hermanas (aunque finalmente solo importe una de ellas, la que interpreta Mary Lynn Rajskub), para llegar al conflicto que no es otro que una llamada para pedir sexo telefónico que le acaba costando cara ya que al dar todos sus datos le comenzarán a hacer chantaje. Por el otro lado tenemos la historia entre Barry y Lena (Emily Watson), una chica que le presenta su hermana y con la que comienza una relación.

Aquí es donde comienza Paul Thomas Anderson a través de las imágenes, de los colores y de la música -lo que más me gusta de la película- a tratar el estado de ánimo del personaje de Barry. Y sobre todo como finalmente decide comenzar una relación con la otra chica, a la que en un principio rehuye. Al más mínimo detalle que le incomode pierde los papeles -sirve como ejemplo la escena en los servicios del restaurante después de la conversación con ella aunque no es la única en que podemos ver esto-. Una historia donde el aire de irrealidad que se respira le acompaña desde su mismo comienzo con el accidente y el piano en medio de la calle y que no abandona en toda la película. Con ese piano que Barry apenas aprende a tocar más allá de unas teclas podemos ver la importancia de la música. Una música que servirá, como ya se ha dicho, para indicarnos como se siente en cada momento. Por otro lado, tenemos a ese personaje que viste un traje de color estrambótico, quizá con el director apoyándose en ese mismo vestuario para otorgarle una atmósfera a ratos surrealista, apoyando así al ya citado clima de irrealidad.

Por otro lado también vemos a un Barry que cuida cada detalle. En este caso la letra pequeña de ciertos productos. Es la única persona que se entera que a través de ciertos alimentos puede conseguir gratis millas de viaje (en este caso, comprando natillas) y pese a ser una persona que él mismo reconoce que NUNCA viaja, no duda en aprovecharse de esa oportunidad aunque luego se la acaben dando con queso con el tema de las semanas en que eso se hace efectivo. Y por último, tenemos al Barry que no duda en pedirle a su cuñado que le recomiende algún psiquiatra y que de vez en cuando suele llorar, para luego negarlo todo ante su hermana. No es la única mentira en que le pillamos.

Punch-Drunk Love es una película sencilla pero efectiva, que se aprovecha de la mezcla entre ingenuidad y locura del personaje de Sandler y de lo que le va pasando a lo largo de la película, ya sea encontrar el amor de su vida logrando una enorme fuerza con eso, o ser puteado por un tío que vende colchones (Philip Seymour Hoffman) y su grupo. No le vendría mal al director muchas veces acometer más películas como ésta y dar respiro a su vena más intensa aunque sea un director que se toma sus años de descanso entre proyecto y proyecto.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Un método peligroso

Me ha decepcionado la última película de David Cronenberg. Y no porque sea mala sino porque al final me parece muy poquita cosa. Iba con las expectativas muy altas y no se han cumplido. Creo que es una película más cronenberiana de lo que se cree, más del sello del director de lo que a simple vista parece, sobre todo a la hora de hablar tanto del ser humano como de la sexualidad, pero también da la impresión como si en la forma de plasmarlo en pantalla encontráramos a un Cronenberg muy inocente, cohibido, pese a las tendencias sadomasoquistas de la paciente que vemos (Keira Knightley). Y tengo la impresión que todo lo que nos cuenta es tan precipitado que todas las relaciones de la película, incluyendo entre ellas las dos más importantes (Carl Jung y Sigmund Freud, Jung y Sabina Spielrein), realmente no son tan importantes y no terminamos por conocerlas tan bien como para entender en unos cuantos momentos algunos comportamientos.

No todo me ha disgustado. Me gusta sobre todo que el guionista no se olvide pero que tampoco sea el detalle principal de la historia, simplemente que lo deje encima de la mesa, el hecho que Freud -y también Sabina- sean judios mientras que Jung nació en Suiza y es de raza aria. Aunque toda la historia que nos cuenta Un método peligroso es pre-Hitler y pre-guerras mundiales. Y veo al auténtico Cronenberg en esos pocos minutos en los que está en pantalla Otto Gross, interpretado por el frecuentemente irritante Vincent Cassel, que aquí se convierte en lo más interesante de la función. Vamos, por decirlo claramente, es él quien anima el cotarro. Es quien consigue que el Carl Jung de Fassbender dé el paso hacia la depravación y quien tiene un peculiar punto de vista de la vida. Eso junto con el apartado técnico donde brilla la conseguida ambientación de la época me parece lo mejor de Un método peligroso, con todo muy cuidado, desde el vestuario, el diseño artístico, los escenarios.

Del trío protagonista me quedo con el Sigmund Freud que interpreta Viggo Mortensen. Quizá porque es con su personaje con el que más se entreve el deje cómico, siempre acompañado por su puro y obsesionado con el sexo –quizá porque nunca lo práctica como dice Otto-, o puede que sea porque la Sabina de Keira Knightley da algo de grimilla con algunos de sus aspavientos en su etapa más desequilibrada, ella cumple pero no he podido evitar alguna sonrisilla ante lo exagerado de su papel. Mientras que a ese Carl Jung que interpreta Michael Fassbender se le ve muy soso, el personaje menos interesante de Un método peligroso pese a ser el auténtico protagonista de la película. Desaprovechado veo a Fassbender en esta ocasión.

Pero sigo sin ver algunas cosas claras en la relación entre estos personajes. El hecho que Jung considere a Sabina el amor más importante de su vida al final. La relación entre ambos en la película es tan poquita cosa que cuesta creer que eso sea así, por muchos problemas que haya tenido Jung toda su vida con su esposa. Quizá eso fuera verdad pero tal como lo cuenta la película no lo parece. Simplemente veo a un Jung que se deja llevar bien por la influencia de Freud, utilizando su método para curarla aunque no crea verdaderamente en él, y por la de Otto, con ese otro discursito de dejarse llevar y convertir a alguna paciente en su amante. Pero nunca porque esté verdaderamente enamorado de ella pese a que la esté ayudando. La de Jung y Freud está mejor llevada porque en muchos momentos parece un tira y afloja y porque se dejan detalles interesantes. Pero nunca se entiende si el motivo de la distancia entre ambos es respecto al tema económico (uno es rico, el otro es pobre y parece tema de pequeña rencilla en, por ejemplo, esa mirada de Freud en el barco cuando Jung le dice que va en primera clase), social (un judio y otro de raza aria, esto se deja caer, como he comentado antes, pero nada más) o simplemente, lo que realmente Cronenberg y Hampton quieren hacer ver, de liderazgo. En este caso, sería revelador el momento en que Freud no le cuenta un sueño a Jung por el hecho de no perder autoridad, por seguir siendo el punto dominante o paternalista, o como se le quiera llamar, de la relación que tienen entre ambos. Quizá, pensándolo bien, conociendo el ego de este tipo de personajes, esto sea más razonable de lo que a simple vista a mí me ha parecido. Seguramente sea así.

En la dirección de Cronenberg solo hay pequeños arrebatos de crudeza, pero todo parece demasiado timorato pese a que el argumento con el que cuenta sea mucho más crudo que su tratamiento final en pantalla. No sé si el director se ha domesticado o no, no es algo que necesariamente tenga que ser malo, el ejemplo claro es Eastern Promises, película que me gusta bastante, pero que en algunos momentos le pasaba lo mismo –aunque contaba con detalles muy suyos y estaba dirigida con más determinación que ésta-. Solo veo al Cronenberg enfermizo en los minutos de Vincent Cassel. El resto puede ser igualmente enfermizo en cuanto al tema que toca pero el director canadiense nunca se deja llevar. Y en Un método peligroso casi todo me deja frío. Aunque tenga sus cosas buenas y no me haya aburrido.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Un dios salvaje (spoilers)

No me cabe ninguna duda que Un dios salvaje (Carnage en versión original) será vista como una película menor dentro de la filmografía de Roman Polanski. Al menos con el paso del tiempo, ahora se ve como una de las pocas películas interesantes dentro de la cartelera y quizá con el tiempo se piense en ella como una película con cierta gracia pero que no era nada más. Pese a ser de lo más interesante en la cartelera, es una obra que se va a ver perjudicada en taquilla por coincidir el estreno con el de la nueva película de la saga Crepúsculo. A mí me ha gustado mucho, a ratos me parece una obra brillante y que nada tiene que envidiar a otras películas del director. Polanski ya dirigió una adaptación al cine del teatro, La muerte y la doncella, una película que me gusta también bastante pero que tengo más lejana, aunque quizá aquella fuera más suya por tema de atmósfera, muy habitual de su cine. Y fue uno de los dos actores que formaban parte de Una pura formalidad (junto a Gérard Depardieu), una interesante película dirigida por Tornatore.

Me ha parecido una película muy cínica, que va desgranando a la perfección a los personajes. Porque finalmente los padres son los que se acaban convirtiendo en los críos. Y sí los padres son así, a nadie les extraña que sus hijos vayan por ahí pegándose con palos o siendo unos chivatos. Polanski cuenta con cuatro personajes estereotipados: el abogado que no para de hablar con el móvil (Christoph Waltz), la mujer aburrida harta de que su marido hable con el móvil (Kate Winslet), la mujer con conciencia social que quiere algo más que una simple disculpa obligada por parte del otro niño (Jodie Foster) y el hombre aparentemente afable y sencillo con un trabajo humilde (John C. Reilly). Ya en un principio, aún cuando todavía se tratan con cortesía (por decirlo de alguna manera), prima el mal rollo en el ambiente –como lo del hámster o lo de si el niño está desfigurado o no- y Polanski sabe llevar el crescendo de ese mal rollo en el ambiente de manera notable, porque empieza como un enfrentamiento entre los padres de unos con los de los otros y termina con un todos contra todos, sin hacer diferenciación y sin que acaben importando sus hijos, que son por lo que se han reunido.

A medida que avanza la trama la película ya no trata de una mera discusión por una pelea sino de una disputa por ver quien es la persona moralmente superior de esa habitación, por intentar humillar a los otros a la mínima oportunidad. A la situación tensa que ya se vive por este enfrentamiento poco ayuda el constante sonido del móvil, y una vomitona bien ocasionada por un sabroso pastel o por una coca-cola caliente, y para terminar tampoco es que sea de gran ayuda el alcohol. El caso es que, como he dicho, uno de los personajes vomita en el sentido exacto de la expresión pero esto sirve como metáfora a lo que nos cuenta, porque realmente son todos los personajes los que van vomitando palabras sin pensar demasiado en las consecuencias y por el mero hecho de atacar al otro. Así pues, al final la madre del agresor se acaba de poniendo de lado de su hijo no porque realmente lo piense sino por defender su propio orgullo en la habitación y por intentar atacar por ahí a la pareja. Y llega un punto en que al marido del agredido todo se la acaba resbalando y acaba optando por tomar la medida más cómoda: ser él mismo e intentárselo tomar con filosofía. Por no hablar que la otra madre, esa que ha exigido una disculpa y que pide que la gente no se comporte como unos animales y sean civilizados, termina por pegar a su marido y tirar un bolso al techo.

Pullas numerosas hacia los hombres y las mujeres, hacia esa conciencia social que se tiene por aquí al tercer mundo –se ponen a hablar incluso que por aquellos países a una arma la llamen bazooka en vez de lanzagranadas o todo lo relacionado sobre el libro del personaje de Jodie sobre Darfur- terminan por rematar un guión genuino. Una gran película sobre la hipocresía. La dirección de la película, libre de excesos, es sencilla y pasa inadvertida. Quizá destaca por la puesta escena y su montaje acelerado, aunque Polanski sí que se aprovecha tanto de la primera escena como de la última rodadas fuera de la casa, en exteriores, para ofrecernos todo lo relacionado con los chicos desde la lejanía, como un detalle que se suponía clave en la obra pero que realmente es lo que menos importa. En esas dos escenas no pasa desapercibida la cámara de Roman. Igual que no pasa desapercibida la afilada lengua de los cuatro personajes. Ni mucho menos me parece una obra menor dentro de su filmografía. Y cuenta con un cameo que nos remite a alguna obra anterior del director.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Un loco a domicilio (Spoilers)


Me supone un gran placer ver una película de Jim Carrey. Sobre todo de la de los años 90, esas películas con las que crecí y que quizá hoy tengo más olvidadas. Actualmente estoy revisando su filmografía y me declaro fan de Jim Carrey, pero no solo del actor serio, sino también del que hace continuamente el ganso, del Jim Carrey pre-Truman. He disfrutado enormemente con Dos tontos muy tontos, que es mi favorita, La máscara y la segunda parte de Ace Ventura – también con la primera pero algo menos-. Incluso llegué a disfrutar con su Edward Nygma (Riddler) en Batman Forever.

Y por supuesto también lo he hecho con la película que nos ocupa. Solo recordaba escenas sueltas de Un loco a domicilio (The Cable Guy): la escena del partido de baloncesto con Carrey haciendo un mate gracias a Jack Black, el karaoke con el actor cantando Somebody to love, Carrey llamando a la puerta y gritando “el del cable” o la escena de la pelea en los servicios. Aunque ni recordaba que era nada menos con Owen Wilson esa pelea.



Un loco a domicilio está dirigida por Ben Stiller que después se ha convertido en un director a tener en cuenta. Zoolander tiene muchos admiradores, Terrence Malick entre ellos, que la han convertido en una película de culto. Tropic Thunder incluso llegó a tener sus nominaciones al Oscar y a los Globos de Oro (casi todas para Robert Downey Jr., es cierto). Con esta película, su segundo largo tras debutar con Bocados de realidad, Stiller se llevó varios palos y la película se vio solamente como un vehículo para el lucimiento de su estrella, incluso citándose una y otra vez para criticarla negativamente el sueldo que cobró Carrey por hacerla.

A mí en su revisión me ha parecido una película muy negra e irónica. Y, efectivamente, hecha para el lucimiento de Carrey aunque el protagonista principal sea Matthew Broderick. Pero hay más que eso. Guionizada por un entonces desconocido Judd Apatow –no podía faltar su esposa Leslie Mann haciendo el papel de la chica de la película-, el guión describe a la perfección a ese tipo gris que acaba de romper con su novia y que decide ponerse el cable. Y entonces llega Jim Carrey. Y revoluciona toda su vida. Carrey hace del típico pesado que agobia a sus amigos hasta que comienza a ser un tipo obsesivo capaz de cualquier cosa cuando le dan de lado.



Y cuando la película se convierte en el recital del actor canadiense, este no decepciona a su público y otorga escenas muy divertidas. Toda la parte en el restaurante medieval (con mi adorada Janeane Garofalo de camarera) me parece de un nivel alto pero no es la única parte. Y Carrey tiene la facilidad de pasar de tipo entrañable a auténtico hijo de puta –en esa misma escena se puede ver- casi sin que se note ni cambiar el chip. Esto solo se le ha reconocido cuando ha hecho cine serio o cuando ha trabajado con directores con renombre (Peter Weir o Milos Forman) pero en otras películas muestra un talento al alcance de pocos. Su personaje es realmente triste pero él le otorga esa gracia y ese encanto especial que me ha recordado al papel de Robert de Niro en El rey de la comedia, salvando las obvias distancias entre los personajes y las películas.

La película avanza a base de gags muy graciosos y del aprovechamiento por parte de Stiller y de Apatow de sus dos personajes principales y de la pareja que forman Broderick y Carrey. El final es lo que me parece más negro pero no por ello deja de ser divertidísimo. Aquí ya se ve en todo su esplendor la locura del personaje de Carrey. Al final, cuando grita eso de porque en la vida real en ese tipo de momentos nunca se escucha música como en las películas y comienza a cantar una canción para darle épica a la situación la voy a recordar por millones de años. Además, resulta muy úlico que después de todo lo que ha pasado, el personaje de Jim no se recuperer y encuentre a otro pardillo al que joderle la vida por llamarle "amigo" en el avión donde viajan. En fin, solo me queda decir que es una película muy superior a como la recordaba. Queda recomendada.



viernes, 11 de noviembre de 2011

Zodiac (spoilers)


El otro día vi por la tele un pequeño fragmento de la película The Game de David Fincher con Michael Douglas de protagonista y me entraron ganas de comentar algo sobre una de las películas del director, Zodiac, aunque fuera un pequeño comentario o una crítica no demasiado lúcida. A día de hoy, Zodiac me parece la cima del director por encima de películas como Se7en, El club de la lucha o La red social. Y eso que en su estreno en el cine, aunque fue una película que me gustó, Zodiac no me llegó a entusiasmar. Quizá por que había demasiada información sobre el asesino, por ser una obra muy detallada y fría, por esa mirada obsesiva que comparten David Fincher y el personaje que interpreta Jake Gyllenhaal, algo que posteriormente he visto como una de las mayores virtudes de la película. El caso es que en la revisión, la película ganó mucho y acabé rendido desde el inicio hasta el final de la película.



Como he dicho, la película contiene muchísima información, a ratos bien podría considerarse un documental muy detallado sobre el asesino en serie, y es muy fácil que en varios momentos el espectador se pierda porque además Zodiac es una película que cubre un periodo de tiempo muy extenso, que muchos años parece que pasen de puntillas. Podemos tener una escena en que veamos la primera cita (a ciegas) entre los personajes de Jake Gyllenhaal y Chlöe Sevigny y poco después verlos casados y con hijos. Así que el trabajo de Fincher es que todas esas cosas no importen demasiado, pero sin dejarlas de lado en la trama, y centrarse en la investigación y en los asesinatos, amén de en las burlas del asesino hacia los periódicos y la policía. Desde la escena inicial, donde Fincher utiliza un par de trucos digitales integrados en la trama de manera soberbia, la película resulta atrapante. Su ambiente enrarecido, enfermizo y opresivo (incluso en escenas de apariencia más inocente como esos momentos en el periódico) bien podría asemejarse con los asesinatos que comete Zodiac, que no le importan que sean por la noche o a plena luz del día. Porque además de tener un gran argumento, visualmente Fincher se siente muy cómodo, en algunos momentos incluso superando ese clima angustioso de Se7en, generando tensión en varias escenas como en las que actúa Zodiac o haciendo crecer el agobio que siente el personaje de Jake Gyllenhaal. Dice mucho de ese agobio la escena en que tiene protagonismo la película clásica El malvado Zaroff, vista como una de las obsesiones del asesino y que proyectaba en unos cines.



La película incluso se permite el lujo de tener una referencia a la película que se inspiró en los hechos que cuenta (aparece un momento con los personajes viendo Harry el sucio) y además de esa obsesión de Jake Gyllenhaal también vemos como crece la locura –y el alcoholismo- en el personaje de Robert Downey Jr. o como la película puede dar su visión de ciertos presuntos culpables o información aparentemente intrascendente que luego puede tener mucha importancia –el reloj de marca Zodiac-. La escena en que los detectives investigan la caravana de uno de los culpables es macabra más allá que luego dicha escena sea más o menos truculenta. Es una película perfecta tanto en la forma, donde Fincher utiliza el digital como recurso que se ajusta a la perfección, como en el contenido, con James Vanderbilt desarrollando la historia y los personajes reales de manera creíble. Zodiac me parece una de las mejores películas de la década pasada pero quizá a día de hoy sea vista por debajo de otros trabajos del mismo director. Sea como sea, una película absolutamente recomendable. Y una nueva bajada de pantalones por mi parte (aunque ya hace un tiempo de esto).



sábado, 5 de noviembre de 2011

Melancholia (spoilers)

Es una pena que las dos últimas películas de Lars Von Trier sean más conocidas por las ruedas de prensa en Cannes que por la calidad de las mismas. Y tanto en Anticristo como en Melancholia hay cine y muy bueno pero parece que ambas películas han quedado ocultas bajo el ego del director danés. Las películas del director son muy reconocibles, casi se podría hablar de género Lars Von Trier. Lo que es curioso porque bajo ese género el director danés le ha tirado a casi todos los demás, ya sea musical (Bailar en la oscuridad), bélico (Europa), comedia (El jefe de todo esto), thriller (El elemento del crimen), drama de época (Medea), terror (Riget) o falso documental (5 condiciones). Pero creo que ante todo ha priorizado el drama psicológico, especialmente en las figuras femeninas que protagonizan sus películas, sobre todo tras Rompiendo las olas.

Melancholia, dividida en dos partes, se introduce en la ciencia-ficción, aunque realmente lo del planeta es una excusa y estamos ante otro drama psicológico. Ante todo nos encontramos con una película muy Von Trier, con todas sus características, una primera parte muy de la doctrina dogma (aunque, como es habitual en el director danés, rompa las reglas del manifiesto cuando le da la real gana) y una segunda parte más aparentemente sosegada pero en el fondo igual de intensa, o más si cabe. Von Trier inicia la película con un prólogo de unos 7-8 minutos con imágenes de las dos hermanas interpretadas por Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg y por el hijo de la segunda, además de imágenes de la tierra y del planeta Melancholia, que se va acercando cada vez más al primero hasta colisionar con él.


Tras ese prólogo, llegamos a la primera parte llamada Justine (el nombre del personaje de Kirsten Dunst) en la que el director nos introduce en su banquete de boda. Lo que comienza como un día feliz, todo sonrisas por parte de los recién casados en el coche, pronto acabará mal por el estado depresivo que vive el personaje principal, que acaba quedándose sin marido y sin trabajo pese a que ese mismo día se ha casado y ha sido ascendida por su jefe. Toda la primera parte recuerda a Celebración de Thomas Vinterberg, amigo de Von Trier y cofundador del Dogma 95, aunque a diferencia de aquella, los personajes de Melancholia aún llegan a parecer humanos y no subnormales puros y duros como en Celebración (incluyendo tanto a los verdugos como las víctimas).

Quizá algunos personajes no pasen del esbozo (la madre interpretada por Charlotte Rampling que prometía dar más juego) pero al menos la veo bien aunque no sea una parte que llegue a apasionarme. La segunda parte, que se llama Claire (el personaje de Charlotte Gainsbourg), me gusta más y ya comienza a adentrarse en Melancholia, en si pasará de largo o va a colisionar, y en la depresión pura y dura del personaje de Kirsten Dunst. Se vive la tensión que siente el personaje de Gainsbourg por el posible encontronazo con el planeta, por si puede estar pasando los últimos días o minutos con su familia y su hijo. Y a la mujer le llega la calma después que el día en que parecía que el planeta podría chocar con la tierra, se acaba alejando. Pero más tarde vuelve. Su comprensivo marido intenta hacerla creer en principio que no pasará nada pero luego cuando ve que se ha equivocado toma la salida fácil.

El trato de los personajes de Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland y Kirsten Dunst me gusta en esta parte así como esa calma tensa que se palpa en el ambiente y en ver la previsible pero esperada resolución final. Imágenes de gran belleza, buen tratamiento de personajes y dejando de lado los excesos de otras películas del director. Quizá sea más convencional pero hay talento en ella. Lástima que sea una película irregular.

martes, 1 de noviembre de 2011

eXistenZ (Spoilers)



Hay que reivindicar los años 90 de David Cronenberg. Vale, puede que hiciera alguna película fallida en esta década pero también algunas de sus películas más arriesgadas. También fue la década donde trasladó del género de terror a otros géneros ese ambiente enfermizo, ese estilo virulento y ese clima sexual, más todas las demás características de su cine. Con el paso del tiempo su estilo se ha controlado, se ha convertido en un director más convencional, no peor, pero igualmente personal.

En los 90 cabe destacar sobre todo la dupla eXistenZ-Crash. Podrían o deberían ser consideradas como dos de las cimas del cine de este señor. Son difíciles de ver, de esas que generan tantos elogios como odios y esto lo sé yo bien pues ambas películas en un principio no me gustaban (cosas de verlas siendo muy jovencito y no enterarme ni de la mitad de lo que pasaba). También creo que son películas que ganan con nuevos visionados y a las que les puedes ver nuevas cosas.



eXistenZ es una película donde la realidad y la ficción se funden y muchas veces pueden llegar a confundirse. Nunca sabes por dónde va a salir cada personaje, en un momento pueden ser personajes aparentemente buenos y en unos segundos te la clavan por la espalda. Cronenberg se aprovecha de esto y no da ni un segundo de respiro a los dos personajes principales, ni siquiera cuando están en un sitio donde parecen estar seguros, a salvo de los terroristas. Los dos personajes son distintos pero se acaban complementando. Por un lado tenemos a la creadora de eXistenZ a la que quieren dar caza, que está totalmente enganchada a su propio juego, y por otro lado tenemos a quien se encarga de protegerla, alguien virgen en ese juego que se acaba implantando un bio-puerto.

Cronenberg es lo suficientemente listo para que se respire un ambiente sexual entre ambos personajes sobre todo en lo que concierne a la hora de enchufarse al juego sumado a una escena con ambos liándose porque sus personajes dentro del juego sienten una atracción. Esto es un tema importante porque los personajes actúan por impulsos, por pura inercia. Hay personajes secundarios que se quedan bloqueados si no se les da una respuesta preestablecida y vuelven a funcionar. Cronenberg usa esto para aludir a la falta de libre albedrío que tenemos en una sociedad cada vez más esquematizada que incapacita al individuo para elegir un camino en la vida que se salga de los cánones establecidos. Pero finalmente a Cronenberg lo que le interesa es tratar con mucho talento el ambiente malsano de la película, muchas veces combinar un par de géneros (thriller y ciencia ficción especialmente), jugar con la mezcla entre la realidad y la ficción, meter personajes con cierto aspecto extraño y resaltar la ingenuidad de su personaje principal y cómo poco a poco le va cogiendo el vicio al juego y comienza a hacer cosas a cada cual más extraña. También Cronenberg, cuyo cine tiene un universo propio, juega a meter referencias a sus películas anteriores, sobre todo a Videodrome.



La película se puede ver como una reflexión tanto del mundo de los videojuegos como al del terrorismo. Sobre todo a la gente que está muy metida en esos mundos, los adictos, e incluso puede que Cronenberg establezca un paralelismo entre ambos grupos, salvando las distancias entre los que solo están enganchados 24 horas con una consola y otros que matan gente, pese a los siempre estúpidos pseudoestudios de los científicos que dicen que muchas veces van de la mano. Pero sí que quiere que veamos a esos seres alienados que sustituyen su vida por un videojuego adictivo y que no saben si lo que les está pasando es real o no, les sirve para darle emoción a sus vidas y lo que tenía que ser un simple pasamiento se acaba convirtiendo en tu día a día.

Sea como sea, una película que con el tiempo va ganando. No importa si nos encontramos ante una película engañosa o si el final es previsible o imprevisible. Cuando se hace con buen gusto y talento nunca deja la sensación de engañabobos. ¿Una escena? Jude Law y Jennifer Jasón Leigh conectándose juntos en la cama. El cordón umbilical de la vaina como referencia fálica introduciéndose en los bio-puertos de ambos.