sábado, 31 de diciembre de 2011

Drive (spoilers)


Anteriormente a Drive había visto tres películas de Nicolas Windign Refn: Fear X, Bronson y Valhalla Rising. Y, salvo la última película citada, no me había entusiasmado demasiado el director danés, más bien me parecía un director con ciertos destellos pero que acababa cayendo bien en lo grotesco o en lo anodino. Quizá eso me pasa sobre todo con Bronson. Fear X es un thriller que tenía buena ambientación pero quizá su argumento y algunos recursos del director eran demasiado irregulares. Con Valhalla Rising pulió su estilo, lo hizo más reconocible y nos ofreció una película interesante pero igualmente irregular. Por eso Drive ha supuesto para mí una gran sorpresa, porque aún esperando algo bueno no esperaba que me fuera a gustar tanto. Y acabo por olvidar si es un cine más para las masas que sus anteriores películas. Es lo de menos.


Bajo el prisma de thriller setentero-ochentero, Nicolas Windign Refn pronto nos sumerge en la historia del conductor sin nombre que habla lo justo y necesario y que trabaja para otra gente pero siempre bajo sus propias reglas, que no va a incumplir por nadie. Una escena inicial que sirve como homenaje al thriller de antaño, con una persecución en la que vemos al conductor conocer cada recoveco de la ciudad, cada minúsculo rincón que tiene, sirve como un estupendo prólogo para contarnos la historia de ese conductor solitario que conoce a una mujer y a su hijo con los que no le importaría pasar el resto de la vida. El problema es que las circunstancias para que eso ocurra no son ni mucho menos idoneas. Aunque tanto por parte de la madre como del hijo, él se ve correspondido con ese mismo afecto que les demuestra.


El argumento se divide en tres grandes ramas: en primer lugar la de ese conductor con su jefe o mentor (o como se le quiera llamar al personaje interpretado por Bryan Cranston), un perdedor nato que llega a un acuerdo con un mafioso para participar en carreras, en segundo lugar está el enamoramiento entre el personaje del conductor y el de Irene, basándose en miradas, gestos, sonrisillas o diálogos intrascendentes, y en tercer lugar la de la vuelta del marido de la chica, un tipo que intenta dejar atrás su pasado criminal pero que debe demasiado dinero como para hacerlo y termina metiéndose en un embrollo junto al conductor. Director y guionista unen esas dos ramas en torno al personaje de Ryan Gosling de manera brillante.


A diferencia de otras películas del director danés, los golpes de violencia que tiene Drive no me parecen gratuitos sino necesarios. Son explicitos, crudos y contundentes, adaptándose muy bien en la trama criminal que nos cuenta y siendo parte del carácter del personaje de Gosling que no vemos hasta bien entrada la película, con la escena en la que el conductor primero amenaza a un tipo en el bar con que le deje en paz o más tarde cuando no duda en pegarle a una mujer (Christina Hendricks) para que le cuente lo que le está pasando porque si no lo va a pasar muy mal. Evidentemente tenemos la escena en el ascensor ante una acojonada Carey Mulligan como la más representativa de esto. Nicolas Windign Refn se ayuda de la imagen depurada y del tono sombrio de la ciudad ofreciéndonos una película que, aunque sea pausada, tiene sus escenas trepidantes y con ritmo y que, además, sabe paliar las lagunas de un guión mil veces visto además que, quizá, algunas historias sean demasiado precipitadas y necesitaran más minutos.


A uno nunca le acaba de importar eso porque la puesta en escena es tremenda, tanto a nivel visual como, finalmente, también a nivel narrativo. Cuando toda la violencia explota en Drive hacia el final, como si de una película de David Cronenberg se tratara, uno se deja llevar y lo único que espera es ver al conductor volver a casa junto a su vecina. Por otra parte, también he visto recientemente The Driver de Walter Hill, que recomiendo a quien no la haya visto, y tengo muy presente que tanto esa como aquella obra maestra titulada El silencio de un hombre de Jean-Pierre Melville han sido dos puntos de referencia para el director. Porque bebe muchísimo de ellas pero sabe colocarse a una distancia prudencial de ellas. En un año con varios refritos de películas de décadas anteriores -con Super 8 y Attack the block a la cabeza pero también, incluso, con El topo o Mildred Pierce- Drive se coloca en la cima porque no se queda solo en el homenaje, en coger las pautas de ese cine anterior, sino en ofrecernos algo que, sin ser nuevo ni diferente a aquello, es una película que recoge la nostalgia para hacer algo muy actual, que tiene su propia entidad como para funcionar por sí misma. También bebe del cine de Tarantino, algunos personajes parecen sacados de su cine -el más claro es Albert Brooks-, tiene algo de su estilo cool pero a la vez es como si el Refn hubiera prescindido del punto fuerte de Tarantino: sus diálogos. Y se le agradece.


Las interpretaciones de su reparto están muy bien, todos realizan un gran trabajo aunque por encima de todos destaca Bryan Cranston como ese perdedor cojo, ha crecido mucho desde la estimable-aunque tampoco me parece para tanto- Breaking Bad. Realmente con los minutos que tiene, hace que conozcamos a su personaje y el pasado que tuvo, a lo que ayuda su voz (en VOS, por favor, he visto la película doblada y pierde mucho) A su lado, Ryan Gosling compone un personaje que él hace creíble por todo lo que tiene que interiorizar en un principio para luego terminar por mostrarlo en pantalla en sus arrebatos de violencia. No es casualidad que en una llamada por teléfono al mafioso, casi por el final, le pregunte si conoce la historia del escorpión y la rana. Una metáfora clara de lo que es la película, en este caso con la rana refiriéndose al personaje del otro mafioso. Y tanto Albert Brooks como Ron Perlman tienen presencia y se dejan notar en muy pocos minutos. Carey Mulligan le da color a la película paseándose con su precioso y angelical rostro junto a su hijo, hace que veamos como normal que el conductor deje atrás su coraza y se enamore de ella, es importante para hacer creíble la parte más romántica de la película, que en una película como ésta podría haber cojeado. Y, por último, Oscar Isaac cumple en su papel de marido de Carey, por suerte no nos lo presentan como el típico chulo de turno sino como alguien que quiere a su familia y que se ve obligado a hacer lo que hace para saldar una deuda, mientras que Christina Hendricks está en un rol secundario pero clave en la historia, saliendo muy guapa. Y no podemos olvidar a la que es la gran protagonista de la película: la ciudad de Los Ángeles, que destaca sobre todo cuando aparece iluminada de noche mientras escuchamos esa fantástica banda sonora compuesta por Cliff Martinez. Homenaje puro y duro a David Lynch en el retrato de la ciudad.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Tinker, Tailor, Soldier, Spy (El topo) - (spoilers)

Había muchas cosas antes del visionado de Tinker, Tailor, Soldier, Spy que hacían prever una película fascinante. Tan solo una que me echaba para atrás. Lo que más me interesaba era el tema de la película, todo este cine de espionaje con sabor a los setenta me gusta mucho. Pero dejando de lado lo de los setenta, forma parte de ese tipo de películas recientes junto a El buen pastor y Zodiac con un ambiente obsesivo realmente atractivo. Hay que sumarle el hecho que he leído recientemente a John le Carré con eróticos resultados. Y por supuesto hay que sumarle que su reparto ya justifica por sí solo el precio de la entrada. Lo único que me echaba para atrás era que la anterior película dirigida por Tomas Alfredson, la elogiadísima Déjame entrar, no me gusta, debo ser una de las pocas personas en el mundo a quien no le entra. Por suerte, pronto me olvidé de eso viendo Tinker, Taylor, Soldier, Spy.

Ni los guionistas ni Tomas Alfredson pierden un segundo para presentar la historia. De hecho, la primera escena de la película resulta clave para comprender el resto de la película y acaba yendo más allá de la simple recogida del nombre del presunto topo. Podemos observar en esta escena en la terraza de una cafetería como Alfredson cuida cada detalle, desde las gotas de sudor hasta todas las personas que se encuentran allí. Por suerte, tras esa escena, Alfredson no descuida en ningún momento la trama que cuenta. Puede resultar confusa con tanto flashback pero yo creo que el director encuentra la forma adecuada para narrarlo todo y que el conjunto no flaquee. Y el gusto por el detalle sigue existiendo, como el director maneja la tensión en algunas escenas. Puede que tenga ese tono melancólico que también tenía Déjame entrar, pero a mí me gusta más como está llevado aquí, quizá porque no me recuerde tanto a la película de vampiros y sí más a esos thrillers que he citado anteriormente.

Es probable que la trama pueda pecar de previsibilidad –no son pocos los que pueden descubrir, como ya se ha dicho, quien es el topo aunque, claro, siendo tan solo cuatro opciones todo el cupo se reduce drásticamente- pero realmente te acaba por importar poco eso y comienza a interesarte cuales son los verdaderos motivos por los que el tipo en cuestión hace lo que hace. Y luego tenemos la presencia invisible de Karla, al que Smiley conoció en el pasado y tiene su mechero con una inscripción de su mujer, y que cobra una importancia vital en la trama pese a que nunca le vemos la cara, la imagen no pasa nunca del cuerpo. Buen detalle de Alfredson el de hacerlo más enigmático, de esconder su rostro. Tampoco se lo vemos a la mujer de Smiley más que de perfil, siendo otro personaje en un principio poco importante pero finalmente determinante. Tampoco desentona la trama la operación brujería, bien integrada con el resto.

La trama se divide en algunas partes pero nunca pierde fuerza. Toda la parte con el personaje de Mark Strong y el niño me parece fascinante, no tienen muchas escenas pero sirve para que conozcamos mejor al personaje de Strong y para que comprendamos su decisión final. Por otra parte tampoco palidece nada la parte protagonizada por Tom Hardy y la mujer, quizá también se agradece al ser la chica una de las pocas presencias femeninas del reparto. Y el caso es que la historia está también bien integrada y resuelta y, por suerte, no la extienden más de lo debido. Por otra parte, la investigación de George Smiley ayudado por Benedict Cumberbatch es igualmente impresionante. La escena de este último cuando entra a robar unos documentos es para enmarcar. Y lo que podría suponer un detalle sin más como es el hecho que Smiley sea un cornudo y encima con uno de sus compañeros de trabajo, acaba resultando también clave en el final de la trama cuando se desvela que el personaje de Colin Firth es el topo.

Por otra parte, la escena final con la versión de Julio Iglesias de La Mer sirve como colofón a una escena tan cruda como preciosa. Es un final seco, triste pero coherente. Se le puede achacar al director que intente abarcar demasiado en dos horas pero el trabajo que realiza es inmejorable. Apoyado por un reparto donde todos realizan un trabajo impresionante. Además de a un Oldman parco en palabras, a cuyo Smiley intenta presentarnos en detalles como contando cosas de su pasado, sabiendo algo de su matrimonio roto o viéndole nadar, me gustaría destacar sobre todo el trabajo que realiza Mark Strong. Sí que resulta sencillo que el espectador en algunos momentos de la película se sienta confuso ante lo que le están contando pero si entras en ella es una película maravillosa.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Misión Imposible: Protocolo Fantasma (spoilers)

A falta de volver a echarle un vistazo a la segunda parte que para muchos es la peor de la saga, debo decir que Misión Imposible es una saga que, cuanto menos, proporciona al público lo que este quiere. Y la habilidad de Tom Cruise a la hora de seleccionar directores para la saga ha sido determinante para que haya mantenido un buen nivel. Primero fue Brian de Palma, director de muchísimos recursos, que nos entregó un depurado ejercicio de estilo, para más tarde contratar a John Woo y convertir la segunda parte en puro espectáculo adrenalítico y, en la tercera parte, escoger a J. J. Abrams, también productor de la cuarta parte, para intentar adentrarse en la vida de Ethan Hunt, en un terreno más personal del famoso agente sin olvidar de cumplir sus misiones imposibles. En esta cuarta parte le toca el turno a Brad Bird, en su primera película lejos de la animación (responsable de algunas de las mejores temporadas de Los Simpson y director habitual de Pixar), e intenta mezclar las tres películas, quizá recordando mucho más a la primera parte y olvidando en un principio lo referente a la tercera, que más tarde, en el último tramo de película, aparece y con fuerza.

Eso era una de las cosas que más quería ver de Misión Imposible: Protocolo Fantasma, el ver como Brad Bird se desenvolvía lejos de la animación. Tras ver la película, puedo decir que la película está dirigida con mucho oficio, es todo lo que se podía esperar de una película de la saga pero a la que quizá le falte algo de personalidad en la dirección, da la impresión que cualquier otro director podría haber obtenido un resultado similar. La trama de la película es sencilla y es lo suficientemente inteligente para introducir nuevos personajes -como el de Jeremy Renner pese al pasado del personaje, que, en mi opinión, sobra- y para cambiar de un escenario a otro -de Rusia a India pasando por Dubái-, todo va muy rápido. Quizá ha heredado un poco el estilo del cine de acción actual, del Jason Bourne o del James Bond de Daniel Craig, pero tiene escenas espectaculares.


Y son espectaculares porque Tom Cruise lo da todo para que sea así. Puede ser mejor o peor actor, caer bien o mal pero desde luego su compromiso con la saga es muy elevado. Quizá han querido dar más minutos a otros personajes, pero él sigue siendo el protagonista indiscutible de la saga pese a los rumores que hablaban de Jeremy Renner como sucesor suyo en la saga. Tras verla le concibo más como ayudante de Ethan Hunt que como su reemplazo. Que la escena de Dubai en el edificio es espectacular o la siguiente persecución sea también impresionante es debido a, en primer lugar, la gran planificación que hace Bird y su equipo y luego a la entrega de Cruise. La película utiliza un par de gadgets que tienen su punto y en los que además se ve involucrado de manera directa el personaje de Simon Pegg, con sus habituales aunque más controlados golpes de humor, lo que es de agradecer. La película además tiene una escena que realmente está muy bien y es la de las reuniones simultáneas en las dos habitaciones del hotel, haciéndose pasar por otros. Tiene su punto el ver como se va desarrollando las reuniones en ambas habitaciones, las miradas tensas entre ellos y la resolución de la parte de Léa Seydoux, Tom Cruise y Jeremy Renner.

Quizá le puedo achacar el sentimentalismo innecesario de la parte final de la historia, todo lo que corresponde a la historia de la parte de la esposa de Hunt. Supongo que el único aliciente que tiene eso es poder disfrutar de Michelle Monaghan, tan guapa como siempre, al final, algo que en parte lo justifica aunque sea completamente innecesario. No veo necesario el ver cuanto ha tenido que arriesgar Ethan Hunt para llevar la vida que lleva. Lo soluciona todo Brad Bird con el último plano, descomunal. Quizá también le falta unos villanos con más carisma, sobre todo teniendo en cuenta que hemos pasado del personaje de Philip Seymour Hoffman en la tercera parte, que realmente parecía que podía hacerle mucho daño a Ethan Hunt, a una Léa Seydoux, que hace de villana secundaria y está algo desaprovechada pese a esa pelea de gatas con Paula Patton y a Michael Nyqvist, que realmente no consigue que dudemos que el grupo de Ethan Hunt no va a cumplir su objetivo. Fallos que resultan perdonables por lo entretenida que resulta la película y lo bien hecha que está. Pero con algo más de personalidad en la dirección y mejorando esto último, podríamos estar hablando, al menos para mí, de una gran película. Pero para pasar un gran rato en el cine queda recomendada.

sábado, 10 de diciembre de 2011

El show de Truman (spoilers)

Si hace unos días me tocó alabar la vertiente más histriónica de Jim Carrey, hoy me toca hacerlo con la más dramática. Aunque en El show de Truman, el actor mezcle ambas y encuentre un equilibrio que hacen que su trabajo sea genial, algo imprescindible teniendo en cuenta que casi todo el peso de la película recae sobre los hombros del canadiense. No quería menospreciar el otro día, cuando escribí la crítica de Un loco a domicilio, el trabajo más serio de Carrey o aquel en el que sin olvidar la comedia, hace un tipo de cine que no deja atrás los recursos dramáticos (adoro tanto Man on the Moon como la película que nos ocupa).

El Show de Truman es, hoy en día, una película tremendamente actual. Lamentablemente, mucho más de lo que fue en 1998 y ya es decir. Desde el cambio del siglo, hemos visto como esta trama aparentemente disparatada que habla, sobre todo, de la perdida de libertad de un individuo, se ha convertido en el pan de cada día de varias personas que, como el personaje de Ed Harris en la película, juegan a ser dioses con las vidas de otras personas y en la que todo les vale por una audiencia millonaria. Lo peor es que nosotros se lo permitimos, podríamos vernos reflejados en todos esos espectadores que ven El show de Truman (me refiero al show dentro de la película, no a la película), aborregados ante lo que Christof (Ed Harris), manipulando la vida de Truman, les muestra.

También vemos como aunque no se le justifica, tampoco Andrew Niccol ni Peter Weir se dedican a demonizar a su personaje, se le ve como un hombre más bien enamorado y fascinado por su criatura, no olvida que está ante un programa de televisión pero tampoco que él ha estado ahí durante toda la vida de Truman pese a no tener una cámara dentro de su cerebro, como bien le recuerda Truman al final.

Se le podrán achacar algunas cosas pero, en mi opinión, sus fallos son perdonables o algunas cosas son las típicas cosas sin demasiada importancia que se suelen sacar para machacar cualquier película. “Que si Truman no se entera de todo el pastel antes viendo la torpeza con la que se mueven a su alrededor” me parece algo intrascendente. Tiene otros defectos, que sí me parecen tal, pero que no terminan por importarme demasiado.

A cambio tenemos un guión escrito por Andrew Niccol, director y guionista de películas como Gattaca, El señor de la guerra o la recientemente estrenada In Time, que se encarga de mostrar la evolución psicológica del personaje, apoyado por el trabajo de Carrey, desde su principal deseo -irse a Honolulu-, su temor -el mar- o todo lo que está pasando en muy pocos días. Y no es poco teniendo en cuenta que está rodeado de un plató gigante y que todas las personas a su alrededor son actores incluyendo a su madre, su mujer y su mejor amigo.

No me querría olvidar de elogiar a Peter Weir, ya que cuando se habla de El show de Truman casi siempre se menciona la interpretación de Jim Carrey o el guión. Su trabajo no es fácil y tiene que apoyarse en un actor que fácilmente podría haberse pasado, pero él sabe controlarlo y sacarle un gran provecho al escenario que, creo, Niccol no podría haber conseguido por sí solo. La creación de este mundo no podría haber sido mejor si no fuera por él (introduzca aquí una pulla hacia Avatar de James Cameron o hacia mí por mencionar Avatar sin venir a cuento). También destaca por su trabajo con las relaciones entre personajes. Weir quizá no sea considerado uno de los grandes pero es un director muy respetable con algunas obras grandes en su filmografía.

Y como tampoco es justo quedarse solo con eso, hay que mencionar que en el terreno de interpretaciones tampoco Carrey está solo. Ya hemos mencionado a Ed Harris, que está maravilloso como el creador de ese mundo, pero Laura Linney está divertidísima en el papel de arpía así como Noah Emmerich, como supuesto mejor amigo de Truman, está más que bien recitando los textos que le van diciendo.

Había quedado un poco en mi olvido después de ser una película que allá en los 90 me encantara, pero tras volverla a ver me ha gustado mucho y lo que es mejor, está creciendo aún más dentro de mi cabeza. No creo que pueda decir mucho más de ella salvo una cosa: «por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches».

domingo, 4 de diciembre de 2011

In Time

De la mente de Andrew Niccol han salido ideas geniales. Pero ideas que han sido mucho mejor aprovechadas cuando él se ha limitado a escribir y no a dirigir (El show de Truman donde Peter Weir supo trasladar ese universo de manera genial). Aunque de las películas dirigidas por Niccol, Gattaca me parece una película meritoria y El señor de la guerra curiosa. Pero siempre tengo la sensación que ambas podían dar más de sí. Con In Time esa sensación se acrecienta aún más porque es una película inferior a ambas pero con una idea, si cabe, mucho más interesante que las que proponían esas películas.

In Time es una especie de mezcla entre Desafio total y Robin Hood y comienza de manera prometedora describiendo el particular universo en el que se encuentran los personajes y es interesante el ver al tiempo convertido en el auténtico protagonista de la obra, ya que sirve como moneda de cambio para cualquier cosa.


En este caso, Andrew Niccol se centra sobre todo en dos grupos sociales: los que viven al día, preocupados que algún día no tengan el tiempo justo, y a los que le sobra, esos que viven sin la preocupación de morir porque han llegado a los trece ceros. También es interesante el ver a actores jóvenes interpretando a personajes de 80, 90 o más de 100 años, Niccol se aprovecha de eso para acrecentar el clima de ciencia-ficción.

Pero a partir que Justin Timberlake consigue, tras ayudar a un tipo una noche, el tiempo ilimitado, la película se centra a dar vueltas sobre una misma idea: muchos deben morir para que unos pocos sean inmortales. Quizá esa especie de paralelismo que existe con la realidad entre los grupos sociales que cuentan con las ventajas y los que cuentan con las desventajas sería mucho más interesante sí consiguiera importarte más, algo que no consigue.

Desde luego es entretenida y la película ofrece un par de persecuciones logradas pero se queda bajo una capa de superficialidad de la que podría haberse desprendido si Niccol hubiera tenido algo más de ambición por intentar lograr algo más que un simple pasatiempo.

Niccol desaprovecha muchos personajes en la película. En primer lugar, a los guardianes del tiempo. Sabemos que había algo entre el guardián que interpreta Cillian Murphy (hace lo que puede con su personaje y no es poco) y el padre del personaje de Justin Timberlake, pero eso queda ahí, sin más, como un pegote. En segundo lugar, podría haber aprovechado más la relación entre Vincent Kartheiser (lo mejor de la película, lo cual no es demasiado) y Amanda Seyfried, padre e hija en In Time, quizá para darle más minutos al primero. El resto de secundarios se limitan a cumplir con lo que tienen.

Es en los protagonistas donde baja el nivel. Timberlake puede caer mejor o peor pero tiene carisma y en In Time se le ve más bien soso. Amanda Seyfried ha demostrado ser una actriz competente en otras películas pero aquí se encargar de tirar demasiado de su belleza y su cuerpo. Claro que en ese caso, a mí me vale porque tengo debilidad por ella pero aparte de eso me gustaría verla en un papel mejor. Interpretaciones insustanciales pero la película deja la sensación que tampoco se les puede pedir mucho más. Olivia Wilde cumple como milf madre de Timberlake.

Es una pena que la acción supere a la ciencia-ficción y el director tome ese camino subrayando en exceso esa idea y no otras que podrían haber dado una película mucho mejor. En In Time, a Niccol lo que se le ha ido de las manos no ha sido el tiempo, ha sido un guión. Y recordar que no vale únicamente con una premisa original, hay que trabajarla para lograr buenos resultados.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Punch-Drunk Love (spoilers)


Tras el gran éxito de Magnolia, el director Paul Thomas Anderson se dio un aparente respiro en su siguiente película, Punch-Drunk Love. De mucha menor duración que el resto de las películas que ha dirigido, que casi todas suelen superar las dos horas (Boogie Nights, Magnolia, There will be blood) mientras que Punch-Drunk Love apenas alcanza la hora y media, Paul Thomas Anderson realiza una comedia romántica, con varios de los ingredientes habituales del género, pero logrando ofrecer al espectador algo distinto a las habituales películas de este género.

Ésa diferencia de Punch-Drunk Love con las otras comedias románticas se la marcan dos cosas: en primer lugar, el carácter inestable del personaje de Adam Sandler, que nunca se sabe cuando se va a comportar como un niño inocente al que le cuesta incluso hablar o cuando se convertirá en un hombre al que se le va la cabeza y podría abrírtela a ti en un par de segundos; en segundo lugar, la dirección de Paul Thomas Anderson, utilizando varios recursos, como la música o los colores, para salir de lo común.

Paul Thomas Anderson nos presenta a un tipo solitario llamado Barry (Adam Sandler) y divide su historia en dos partes que se acaban entrecruzando. Por un lado tenemos la presentación del personaje, de su negocio, de sus siete hermanas (aunque finalmente solo importe una de ellas, la que interpreta Mary Lynn Rajskub), para llegar al conflicto que no es otro que una llamada para pedir sexo telefónico que le acaba costando cara ya que al dar todos sus datos le comenzarán a hacer chantaje. Por el otro lado tenemos la historia entre Barry y Lena (Emily Watson), una chica que le presenta su hermana y con la que comienza una relación.

Aquí es donde comienza Paul Thomas Anderson a través de las imágenes, de los colores y de la música -lo que más me gusta de la película- a tratar el estado de ánimo del personaje de Barry. Y sobre todo como finalmente decide comenzar una relación con la otra chica, a la que en un principio rehuye. Al más mínimo detalle que le incomode pierde los papeles -sirve como ejemplo la escena en los servicios del restaurante después de la conversación con ella aunque no es la única en que podemos ver esto-. Una historia donde el aire de irrealidad que se respira le acompaña desde su mismo comienzo con el accidente y el piano en medio de la calle y que no abandona en toda la película. Con ese piano que Barry apenas aprende a tocar más allá de unas teclas podemos ver la importancia de la música. Una música que servirá, como ya se ha dicho, para indicarnos como se siente en cada momento. Por otro lado, tenemos a ese personaje que viste un traje de color estrambótico, quizá con el director apoyándose en ese mismo vestuario para otorgarle una atmósfera a ratos surrealista, apoyando así al ya citado clima de irrealidad.

Por otro lado también vemos a un Barry que cuida cada detalle. En este caso la letra pequeña de ciertos productos. Es la única persona que se entera que a través de ciertos alimentos puede conseguir gratis millas de viaje (en este caso, comprando natillas) y pese a ser una persona que él mismo reconoce que NUNCA viaja, no duda en aprovecharse de esa oportunidad aunque luego se la acaben dando con queso con el tema de las semanas en que eso se hace efectivo. Y por último, tenemos al Barry que no duda en pedirle a su cuñado que le recomiende algún psiquiatra y que de vez en cuando suele llorar, para luego negarlo todo ante su hermana. No es la única mentira en que le pillamos.

Punch-Drunk Love es una película sencilla pero efectiva, que se aprovecha de la mezcla entre ingenuidad y locura del personaje de Sandler y de lo que le va pasando a lo largo de la película, ya sea encontrar el amor de su vida logrando una enorme fuerza con eso, o ser puteado por un tío que vende colchones (Philip Seymour Hoffman) y su grupo. No le vendría mal al director muchas veces acometer más películas como ésta y dar respiro a su vena más intensa aunque sea un director que se toma sus años de descanso entre proyecto y proyecto.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Un método peligroso

Me ha decepcionado la última película de David Cronenberg. Y no porque sea mala sino porque al final me parece muy poquita cosa. Iba con las expectativas muy altas y no se han cumplido. Creo que es una película más cronenberiana de lo que se cree, más del sello del director de lo que a simple vista parece, sobre todo a la hora de hablar tanto del ser humano como de la sexualidad, pero también da la impresión como si en la forma de plasmarlo en pantalla encontráramos a un Cronenberg muy inocente, cohibido, pese a las tendencias sadomasoquistas de la paciente que vemos (Keira Knightley). Y tengo la impresión que todo lo que nos cuenta es tan precipitado que todas las relaciones de la película, incluyendo entre ellas las dos más importantes (Carl Jung y Sigmund Freud, Jung y Sabina Spielrein), realmente no son tan importantes y no terminamos por conocerlas tan bien como para entender en unos cuantos momentos algunos comportamientos.

No todo me ha disgustado. Me gusta sobre todo que el guionista no se olvide pero que tampoco sea el detalle principal de la historia, simplemente que lo deje encima de la mesa, el hecho que Freud -y también Sabina- sean judios mientras que Jung nació en Suiza y es de raza aria. Aunque toda la historia que nos cuenta Un método peligroso es pre-Hitler y pre-guerras mundiales. Y veo al auténtico Cronenberg en esos pocos minutos en los que está en pantalla Otto Gross, interpretado por el frecuentemente irritante Vincent Cassel, que aquí se convierte en lo más interesante de la función. Vamos, por decirlo claramente, es él quien anima el cotarro. Es quien consigue que el Carl Jung de Fassbender dé el paso hacia la depravación y quien tiene un peculiar punto de vista de la vida. Eso junto con el apartado técnico donde brilla la conseguida ambientación de la época me parece lo mejor de Un método peligroso, con todo muy cuidado, desde el vestuario, el diseño artístico, los escenarios.

Del trío protagonista me quedo con el Sigmund Freud que interpreta Viggo Mortensen. Quizá porque es con su personaje con el que más se entreve el deje cómico, siempre acompañado por su puro y obsesionado con el sexo –quizá porque nunca lo práctica como dice Otto-, o puede que sea porque la Sabina de Keira Knightley da algo de grimilla con algunos de sus aspavientos en su etapa más desequilibrada, ella cumple pero no he podido evitar alguna sonrisilla ante lo exagerado de su papel. Mientras que a ese Carl Jung que interpreta Michael Fassbender se le ve muy soso, el personaje menos interesante de Un método peligroso pese a ser el auténtico protagonista de la película. Desaprovechado veo a Fassbender en esta ocasión.

Pero sigo sin ver algunas cosas claras en la relación entre estos personajes. El hecho que Jung considere a Sabina el amor más importante de su vida al final. La relación entre ambos en la película es tan poquita cosa que cuesta creer que eso sea así, por muchos problemas que haya tenido Jung toda su vida con su esposa. Quizá eso fuera verdad pero tal como lo cuenta la película no lo parece. Simplemente veo a un Jung que se deja llevar bien por la influencia de Freud, utilizando su método para curarla aunque no crea verdaderamente en él, y por la de Otto, con ese otro discursito de dejarse llevar y convertir a alguna paciente en su amante. Pero nunca porque esté verdaderamente enamorado de ella pese a que la esté ayudando. La de Jung y Freud está mejor llevada porque en muchos momentos parece un tira y afloja y porque se dejan detalles interesantes. Pero nunca se entiende si el motivo de la distancia entre ambos es respecto al tema económico (uno es rico, el otro es pobre y parece tema de pequeña rencilla en, por ejemplo, esa mirada de Freud en el barco cuando Jung le dice que va en primera clase), social (un judio y otro de raza aria, esto se deja caer, como he comentado antes, pero nada más) o simplemente, lo que realmente Cronenberg y Hampton quieren hacer ver, de liderazgo. En este caso, sería revelador el momento en que Freud no le cuenta un sueño a Jung por el hecho de no perder autoridad, por seguir siendo el punto dominante o paternalista, o como se le quiera llamar, de la relación que tienen entre ambos. Quizá, pensándolo bien, conociendo el ego de este tipo de personajes, esto sea más razonable de lo que a simple vista a mí me ha parecido. Seguramente sea así.

En la dirección de Cronenberg solo hay pequeños arrebatos de crudeza, pero todo parece demasiado timorato pese a que el argumento con el que cuenta sea mucho más crudo que su tratamiento final en pantalla. No sé si el director se ha domesticado o no, no es algo que necesariamente tenga que ser malo, el ejemplo claro es Eastern Promises, película que me gusta bastante, pero que en algunos momentos le pasaba lo mismo –aunque contaba con detalles muy suyos y estaba dirigida con más determinación que ésta-. Solo veo al Cronenberg enfermizo en los minutos de Vincent Cassel. El resto puede ser igualmente enfermizo en cuanto al tema que toca pero el director canadiense nunca se deja llevar. Y en Un método peligroso casi todo me deja frío. Aunque tenga sus cosas buenas y no me haya aburrido.