domingo, 14 de marzo de 2010

Green Zone (spoilers)

Nueva unión entre el director Paul Greengrass y el actor Matt Damon después de trabajar juntos en las últimas dos partes de la trilogía de Jason Bourne, dirigidas por el primero e interpretadas por el segundo, El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne, dos películas que redefinieron, junto a algunas otras, el nuevo cine de acción con movimientos de cámara muy rápidos, con un manejo de la cámara muy nervioso que llegaron a influir incluso en las aventuras del nuevo James Bond interpretado por Daniel Craig. Paul Greengrass además de las dos partes de Bourne, siempre ha dirigido un tipo de cine comprometido, historias basadas en hechos reales que conmocionaron al mundo. Primero fue el domingo sangriento en Irlanda en la muy recomendable Bloody Sunday, después también retrató uno de los aviones suicidas del 11 de septiembre en United 93 y además también escribió Omagh, deudora del estilo de Bloody Sunday, que trató uno de los atentados en Irlanda, en la pequeña ciudad de Omagh. Ahora con Green Zone, adaptación de una novela, traslada la acción a Irak para tratar los "ficticios" rumores de que en el país no había armas de destrucción masiva y que la ocupación de dicho país fue una gran mentira ideada por algunas personas para justificar una invasión que creían necesaria para poner fin al reinado de Saddam e intentar llevar la paz de una manera muy hipócrita, imponiendo ellos al nuevo líder y destrozando el país, dejándolo en ruinas, dicho sea de paso.




Greengrass idea su película sobre una gran mentira, sobre la búsqueda de la verdad a cargo de uno de los soldados de EEUU que lidera una unidad que busca las armas de destrucción masiva, que ve como en cada registro que hacen con las coordenadas que le mandan desde inteligencia siempre son incorrectas, nunca encuentran las armas. El personaje de Matt Damon empieza a cuestionar primero la información y, después de contactar con el personaje de Brendan Gleeson, todo el tema de la invasión apoyado también cuando se ve involucrado, después de una información obtenida por un iraki con el que formará equipo, en un conflicto con uno de los hombres importantes de Saddam. A medida que avanza la trama vemos como la mentira cada vez se hace menos enmarañada, va teniendo claridad y todo apunta hacía una persona en concreto como principal responsable, uno de esos hombres que hará cualquier cosa por sacar todo adelante sin importarle las formas: el personaje interpretado por Greg Kinnear.
Todo esto lo trata Greengrass con sobriedad, apoyado por la labor del casi siempre competente Brian Helgeland en el guión, sin grandes sorpresas pero sin fallos de relumbrón, dando escenas de acción bien resueltas y dirigidas y apoyados en un Matt Damon que cumple en el plano físico en una interpretación en la que no se le exige demasiado más que sea creíble en esa búsqueda que inicia su personaje para saber lo que verdaderamente está sucediendo. Cumple con eso.




Green Zone es una obra entretenida, quizá te hará cuestionarte cosas, quizá no. Para muchos, este tipo de cine que trata temas delicados basado en hechos reales siempre debe tener algo más que simple entretenimiento, que no se pueden tratar tan a la ligera. Green Zone, dependiendo del espectador, te puede dar entretenimiento o algo más. A mí me ha dado especialmente lo primero. Y no la juzgo por eso, me parece muy correcta la labor que hace Greengrass o la que hizo Bigelow con su muy entretenida y vibrante película The hurt locker, a la que quizá se ha endiosado algo con los premios, con el tratamiento que hacen de la guerra. Desde luego es mucho mejor que la labor que han hecho algunos de los directores que han criticado precisamente eso como el señor Fernando Trueba, que debería preocuparse más en tirar piedras sobre su propio tejado antes que en el de los demás, que pese a que su última película no me disgustó como a mucha gente, tampoco es que fuera gran cosa y tenía muchos detalles muy cargantes.


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