sábado, 5 de mayo de 2012

El viaje a ninguna parte


Mucho se ha hablado de Fernando Fernán-Gómez y que si él es uno de los mejores artistas que han existido en España. En mi caso, la respuesta es afirmativa ya fuera actuando, donde su presencia se sentía en cada papel que hacía, o dirigiendo, donde nos dejó algunas de las mejores películas españolas de la historia. Y eso solo en el cine, porque no hay que olvidar que este hombre aparte de un porrón de películas, también escribía y hacía tanto televisión como teatro ya fuera actuando, dirigiendo o combinando ambas facetas. Un artista total. Que tendrá sus películas malas, en una filmografía tan amplia es lógico, pero también tiene un buen puñado de obras que justifican una carrera que podríamos calificar de fascinantes. Y Un viaje a ninguna parte es un bonito homenaje tanto a la figura del actor como, probablemente, también lo sea a la misma familia de Fernán-Gómez.


Y es que no puedo evitar pensar que la historia tiene muchísimo de personal. Porque ya no solo es que trate de actores, cómicos en este caso, es que el mismo Fernán-Gómez escribió el guión adaptando una novela escrita por…. él mismo. Quizá la película no llegue a la cima de las mejores películas dirigidas por él (El extraño viaje y El mundo sigue, dos obras imprescindibles dentro del cine español) pero es una película que me parece una de sus obras más lúcidas, incontestablemente mayor en su filmografía. En ella nos cuenta la historia de un grupo de actores teatrales venidos a menos, que viajan de ciudad en ciudad, luchando contra el hambre y la pobreza, actuando por cuatro duros en sitios de mala muerte. Este grupo de actores, que son familia, tendrán que intentar luchar por salir adelante. Toda esta historia que vemos es un gran flashback que nos va contando Carlos Galván, el protagonista de la historia, que siendo ya anciano nos cuenta su historia de cómo tuvo que sobrevivir antes que le llegara el éxito


Fernán-Gómez se encarga de retratar con acierto las relaciones entre la familia, ya sea la del protagonista con su hijo, del que nunca se ha encargado, intentando que siga la tradición familiar, o ese paso que hace la familia del teatro al cine acabando en nefastas consecuencias cuando el patriarca de la familia, interpretado por el mismo Fernán-Gómez, acabe hasta los mismísimos de tener que repetir la misma escena ante el enorme cabreo del director. Hay historias que aparecen a la mitad y se cierran rápidamente y sin embargo están resueltas con gran determinación y no terminan por parecerte gratuitas. Hablo de la relación de Carlos con su prima, que después que la pongan caliente va pidiendo guerra y su primo no duda en dársela. Todo resulta tan rápido como estimulante y no cojea en el global.


El homenaje a ese grupo de artistas es, a la vez, tan nostálgico como pesimista. Nostálgico porque el director recuerda con buenos ojos aquellos años en los que probablemente pasó por lo mismo pero pesimista por ver como poco a poco el grupo se va desmontando mientras que Carlos termina, ya de mayor, mezclándolo todo e inventándose una vida con éxito que él no ha vivido, ya que siempre ha estado apocado al fracaso. Al fracaso como padre, con un hijo con el que no termina de congeniar ni tener una buena relación, al fracaso como amante, con todas las mujeres con las que ha estado dejándole por diferentes motivos, y al fracaso como actor, que lo máximo que ha aspirado es a hacer algo de gracia a un par de personas con su recurso de la voz gangosa. 


Quizá se le puedan achacar algunas cosas, como una duración algo excesiva o una visión, a ratos, excesivamente nostálgica. Pero son fallos menores que terminan por perdonarse. Y uno se acaba rindiendo ante la historia que cuenta el director y ante un grupo de actores que resultan creíbles y que realizan interpretaciones muy buenas ya sea el mismo José Sacristán, que tiene el papel más agradecido de la función, como unas guapísimas Nuria Gallardo y Laura del Sol, un Fernando Fernán-Gómez imprimiendo, una vez más, su particular carácter al personaje, un Gabino Diego que resulta ideal en su papel de tipo algo pardillo y, sobre todo, un Juan Diego con un par de monólogos geniales y un Agustín González cultivando su papel de entrañable tacaño y viejo verde. 


La película es un hermoso viaje. Y a diferencia de lo que dice el título, Fernando Fernán-Gómez sí que tenía bien clara una cosa: hacia donde se quería dirigir con ella. Por eso, todos los adjetivos o los halagos que digamos a favor de este hombre siempre se quedaran cortos. Y todo lo que se diga de él será merecido.

1 comentario:

  1. Ando buscando el pueblo que aparece varias veces en la pelicula, el de la plaza con porches y columnas ... donde està la fonda ....

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