jueves, 10 de mayo de 2012

La sombra del poder (2009) - (spoilers)


Lo primero que debo decir es que no he visto la miniserie británica en la que se basa la película de Kevin Macdonald -dirigida por David Yates- y no puedo compararla con aquella. La película de Macdonald me ha resultado muy entretenida y está bien hecha pero le falta algo para ser una gran película. Hay oficio en su dirección y estas historias de periodistas suelen gustarme bastante pero creo que se le sacaron mucho más provecho a las historias en los 70 -con películas como Todos los hombres del presidente, Los últimos días del Cóndor, dentro del género cómico Primera plana y, ya en los 80, Ausencia de malicia-. Pero aún así, La sombra del poder es una película muy digna, muy crítica con los tiempos actuales y con buenos giros de guión que no te dejan la sensación que la película te tome por idiota.


En La sombra del poder, Kevin Macdonald nos cuenta la historia de un periodista que se pone a investigar la muerte de una mujer. Un político, amigo de antaño del periodista, está implicado ya que mantenía una relación tanto profesional como personal con ella. Un argumento sencillo en el que el director sabe desarrollar la historia de la investigación por parte del periodista y como van surgiendo nuevas pruebas o como van cayendo personas que podrían estar implicadas. Es una trama eficaz en la que Macdonald nos cuenta todas las mentiras dentro de la política y en la que algunos secretos que guardan a la cara pública salen a la luz dejándolos en mal lugar. El personaje del político (Ben Affleck) es el futuro del partido, un tipo supuestamente integro que es veterano de guerra sin embargo primero por su relación extramatrimonial y posteriormente siendo el principal causante de todo, acaba bien jodido.


Que el periodista que interpreta Russell Crowe parezca la cara amable del Santos Trinidad de José Coronado tiene su punto. Realmente Crowe en muchos puntos de la película más que un periodista parece un mendigo que necesita una ducha. Uno que se ceba a comer, eso sí. Pero luego es un gran profesional capaz de, por sí solo, ir desvelando toda la trama y de jugarse la vida por ello. Y un tipo integro, que está enamorado de la mujer de su amigo pero que no hace nada por ella. A su lado, Jason Bateman en su breve pero determinante papel también parece algo enfarlopado en su personaje. Hace de un relaciones públicas relacionado con la chica. Rachel McAdams y Helen Mirren tienen personajes prototípicos, la primera de novata que se introduce de lleno en la investigación junto a su más experimentado compañero y la segunda de jefa algo cabrona que lo que quiere es publicar una gran noticia y antes que nadie.


Macdonald maneja bien la cámara, sabe aprovechar los escenarios -la escena del interrogatorio a Bateman en el motel no es técnicamente prodigiosa pero sí está bien llevada sobre todo a nivel de tensión, igual que la del aparcamiento, también bastante intensa-, y le da cierta elegancia al conjunto -pese a las pintas poco elegantes de Russell Crowe-. En terrenos interpretativos, tanto Crowe como Ben Affleck -que sustituyeron a Brad Pitt y Edward Norton, mucho se habló del reencuentro de ambos en esta película tras El club de la lucha- realizan buenas interpretaciones. Crowe, uno de mis actores favoritos actuales pese a cierto bajón en los últimos tiempos, lleva el peso de la trama bastante bien mientras que a Affleck le reservan algunas de las mejores escenas de la película. Los secundarios están a buen nivel también. Rachel McAdams sale muy guapa aunque el director no quiere aprovechar su físico, y ella hace bien su papel mientras que otros actores como Helen Mirren, Robin Wright o Jeff Daniels cumplen con sus respectivos papeles. Y pese a funcionar todo bastante bien, le falta algo. Quizá sea una resolución más satisfactoria de la trama, quizá sea que por momentos no pareciera tan precipitada. Pero aún así, una buena y digna película.

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